20 de Septiembre de 2018

Opinión

Una historia ejemplar

Don Javier forma parte de los personajes populares de Mérida, un hombre reconocido por asombrarnos al atravesar las calles manejando una moto con sus muñones.

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Hay personas que llegan al mundo para enseñarnos con su ejemplo que para la mente  no hay  discapacidades, estas personas deben encontrar el complemento amoroso que les ayude a realizar su viaje en vida. Son pocas las historias sobre gente con capacidades diferentes que alcanzan el éxito. Entre ellas está Javier Pat, a quien muchos conocimos como “El Pulpo”: siendo niño, pierde ambos brazos en un accidente.

Don Javier forma parte de los personajes populares de Mérida, un hombre reconocido por asombrarnos al atravesar las calles manejando una moto con sus muñones. Su viuda doña Landy Pat, cuenta: “A los 12 años fue a hablar con el gobernador, era Loret de Mola, fue a pedir trabajo y le dijeron: ¿Pero muchacho en qué nos puedes ayudar? Si yo no les puedo ayudar, ayúdenme ustedes, y les pidió una beca para estudiar, llegó a la prepa, le faltó poco para terminar su licenciatura. Era un hombre muy amable, educado, trabajador, su estado físico nunca le afectó, quizá eso me enamoró. Mi papá decía: Pero hija, ¿cómo te vas a casar con ese muchacho? Siento que  Dios hizo este amor. Toda mi vida con él fue  felicidad, fue el mejor hombre de mi vida. Abrimos una lonchería, el primer día todo se echó a perder. Pero poco a poco sobrevivimos, tuvimos la lonchería 18 años. El falleció hace 7 meses, estoy segura que está en el cielo y Dios ya le entregó sus brazos”.

“Aquí fabricamos sus vehículos, hay un señor con casi las mismas discapacidades que mi papá. Un día estaba en la Plaza Grande y vio pasar a mi papá en la moto y le dijo a su papá: Yo quiero ser como ese señor, entonces busca a mi papá y le dice: Yo tengo 30 años con mi discapacidad y quiero poder manejar una moto. Si yo puedo, tú también puedes, respondió mi papá. Le hicimos su moto. De mi padre sólo puedo decir GRACIAS, él nos hizo, nos formó, nos enseñó a trabajar y el trabajo se agradece”, dice uno de sus hijos. 

A don Javier le sobreviven su viuda, sus hijos Javier, David y Landy Pat. Ellos siguen el ejemplo de trabajo de su padre, nunca dejan de repetir sus palabras: “Haz como yo;  todas las mañanas me pongo mi traje de rinoceronte y embisto a la vida”.  

Personas como don Javier son ejemplo de superación, de todo lo que puede lograrse cuando alguien nos ama y cree en nosotros. Buen viaje don Javier, el buen Dios se asombrará al recibirle con su traje de rinoceronte.

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