25 de Septiembre de 2018

Opinión

Una lucha justa

Como se venía anticipando desde hace algunos meses, el monstruo magisterial despertó y el pasado sábado dio la primera muestra de fuerza en una lucha desigual contra el poder...

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Como se venía anticipando desde hace algunos meses, el monstruo magisterial despertó y el pasado sábado dio la primera muestra de fuerza en una lucha desigual contra el poder que apenas está empezando y que amenaza con ser dura, intensa y larga.

Ese gremio tan vilipendiado por los medios y tan poco reconocido por la sociedad una vez más se está levantando en defensa de derechos y logros sindicales que si bien algunos catalogarán como caprichos y “privilegios”, son plenamente merecidos. 

En general, los medios de comunicación han emprendido una campaña de descrédito desde hace muchos años para sepultar la buena imagen del maestro y convertirlo en un villano, culpable de todos los males de la educación.

Y esto no es así. Elba Esther Gordillo no es ni fue nunca la imagen de los maestros. Los turbios manejos del SNTE y sus liderazgos, sus prácticas corruptas y su condescendencia a las manzanas podridas del magisterio no representan el actuar del grueso de los maestros.

Desde la trinchera de las aulas, soy testigo cada día de profesores y profesoras que aman su labor. Que se esfuerzan por compensar las profundas carencias escolares para brindarles a los niños una educación esmerada. Que no se dejan vencer por la patente pobreza, desnutrición y por la desatención de los padres y madres de familia a sus pequeños hijos.

He sido testigo de [email protected] que dejan el alma, el cuerpo y el tiempo que dedican a sus propios hijos en la escuela, enseñando en horas extra para sacar adelante a sus alumnos.

Se le ha hecho creer a la sociedad que los maestros ganan demasiado por su labor, mentira vil evidenciada por las propias estadísticas de la OCDE. El maestro mexicano, a ese que culpan de todos los males habidos y por haber de un sistema educativo diseñado desde el poder para mantener al pueblo en la ignorancia, está también en los últimos lugares en cuanto a sus percepciones anuales, muy por debajo del promedio de los países con los que se comparan académicamente.

Ahora, un cúmulo de leyes absurdas pretende dejar al maestro en la indefensión laboral, a la vez que logros sindicales que dignificaban aunque sea un poco la vida del docente, penden de un hilo. 

Ahora, los “villanos” magisteriales han sido atracados en sus quincenas por manos ajenas, robándoles el dinero ganado a pulso y dejándolos como deudores impotentes ante financieras e hipotecarias.

Abandonados a su suerte por un “líder” que no oye ni escucha a su base y que sigue solo las órdenes que le dictan, fiel a la tradición del SNTE, los maestros han emprendido una lucha justa, una lucha digna que no debe terminar hasta que nuestra voz sea escuchada.

Y sí, soy maestro, y esta también es mi lucha.

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