12 de Diciembre de 2017

Opinión

Una Mérida muy ruidosa

La contaminación acústica tiene diversas complicaciones para la salud humana y es considerada en algunos lugares como la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales.

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Letra muerta resultan ser  las disposiciones establecidas en el reglamento de protección al ambiente y el equilibrio ecológico del municipio de Mérida, que, aunque en su artículo 3º  fracción V, establece que es facultad y obligación del Ayuntamiento, por si o a través del presidente municipal y demás dependencias municipales, aplicar las disposiciones relativas a la prevención y control de la contaminación por ruido que proviene de fuentes fijas que funcionen como establecimientos mercantiles y de servicios, en la práctica no se hace nada para sancionar a los propietarios de comercios, que utilizan bocinas de gran tamaño en las que, con música a todo volumen, tratan de llamar la atención de la clientela, aunque esto no se refleje en el aumento de sus ventas.

De acuerdo con especialistas en la materia, el límite tolerable del sonido al que pueden estar expuestos los seres humanos es de hasta 75 decibeles, y sin embargo, en los alrededores del área comercial de la ciudad, los registros son superiores a los 80 db.

El reglamento municipal establece que los límites permitidos de las diez de la noche a las seis de la mañana  son de 56 db y de hasta 68 de 18  a 22 horas, y que los comercios tienen como límite formal los 75 db. Este documento señala que las sanciones van desde los 7 mil 304 pesos hasta un millón 826 mil, pero habría que ver qué capacidad tiene la Comuna de sancionar a los casi tres mil establecimientos que hay en el centro. 

Esta contaminación acústica tiene diversas complicaciones para la salud humana y es considerada en algunos lugares como la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales, detrás de la polución atmosférica, según escritos de la Organización Mundial de la Salud. La contaminación sonora se define como un sonido no deseado o perturbador. Un sonido se vuelve indeseado cuando interfiere con actividades de la vida diaria, como dormir o conversar, o irrumpe en la calidad de vida de una persona.

Algunos daños a la salud humana incluyen estrés, presión alta, pérdida del oído y baja de productividad. Considero recomendable  la revisión a los antros para comprobar que las disposiciones de la autoridad ni se escuchan ni se atienden. Lo sutil de una buena escucha es disfrutar nuestro entorno lleno de sonidos agradables.

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