17 de Octubre de 2018

Opinión

Una Navidad para todos

La Navidad ha cambiado a través del tiempo, desde sus lejanos orígenes como una celebración íntima y limitada a una religión particular, como es el cristianismo.

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Entre los romanos se realizaban las Saturnales, festividades que se celebraban durante la ceremonia del Solsticio de Invierno y tenían su punto culminante el 25 de diciembre, con la celebración anual del nacimiento del dios sol o solis invicti; entre los primeros cristianos no se tenía la costumbre de celebrar el nacimiento de Cristo y con el fin de facilitar la conversión de los romanos a la nueva religión, sin tener que abandonar sus fechas más significativas, en el año 350  el papa Julio I solicita que se comience a celebrar el nacimiento de Cristo en dicha fecha. No hay un acuerdo sobre la verdadera fecha del nacimiento de Jesús y diversos estudios señalan como fechas posibles desde mayo hasta septiembre sin poder tener una certeza al respecto.

La Navidad ha cambiado a través del tiempo, desde sus lejanos orígenes como una celebración íntima y limitada a una religión particular, como es el cristianismo,  hasta una enorme fiesta globalizada en la que muy distintos pueblos, unidos o no por la religión cristiana, celebran la unión de la familia, intercambian regalos y comparten una cena muy especial. La sociedad de consumo ha encontrado en ella un producto magnífico para ser generador de innumerables compras, impulsando el consumo de bebidas, comidas y regalos de muy diversa índole que se espera sirvan para ser intercambiados entre los celebrantes de la fecha; lo que en ocasiones resulta patético es que muchas personas celebran, pero ya no saben qué es lo que celebran.

En el mejor de los casos, la Navidad ahora genera sentimientos de pertenencia, solidaridad, recuerdos de infancia, impulsa la convivencia familiar, promueve los sentimientos de paz; lo interesante es que para todo esto no es necesaria la Navidad ya que eso y más puede lograrse a través de otras celebraciones.

Para los cristianos en general y los católicos en particular, la Navidad significa algo absolutamente distinto: celebran la humanización de Dios al hacerse alguien como nosotros a través del nacimiento  de Cristo, celebran el cumplimiento de la promesa de salvación al mandar Dios a su hijo al mundo para su conversión y salvación, celebran que el Amor se hace ser humano y habita entre nosotros, celebran que al hacerse Dios un ser humano como nosotros dejamos de ser siervos y nos convertimos también en hijos de Dios y hermanos de Cristo al compartir la humanidad, porque Cristo no es un Dios revestido de carne humana, sino es un hombre tal cual como somos los seres humanos que habitamos este mundo.

Antes del nacimiento de Jesucristo no existíamos y ahora existimos en la esperanza de un mundo mejor, no éramos y ahora somos hermanos en Cristo e hijos de Dios, no estábamos y ahora estamos en el camino de la salvación, porque para los creyentes el sentido último de la celebración de la Navidad es el nacimiento de Cristo con todo lo que eso significa para los seres humanos, trayendo la esperanza de la salvación eterna para todos, un mundo de paz y amor y la hermandad activa de los seres humanos.

¿A los que no comparten la fe cristiana qué les puede traer Cristo? Se puede tomar el mensaje de existir, ser y  estar, procurando existir como seres que contribuyan a la edificación de un mundo mejor para los que nos rodean y nosotros mismos, siendo desinteresadamente bondadosos con nuestros semejantes no por mandato divino sino por el entendimiento claro de que el bienestar de todos es nuestro propio bienestar, estar viviendo siempre en la esperanza y la alegría, eligiendo siempre la felicidad sobre el dolor y no porque sea fácil, sino porque es la única y verdadera forma de vivir: elegir ser feliz y trabajar con todas nuestras fuerzas en serlo.

Que en un entendimiento claro de lo que realmente beneficia al ser humano, sea de la ideología que sea, profese la religión que profese o incluso sin tener religión alguna, abandonemos todos juntos los caminos de las tinieblas, del odio, del rencor, del bajo aprecio por uno mismo y el desprecio por lo demás, que nazcamos como lo hizo Cristo en estas fechas a una nueva vida de comprensión, amor y paz que realmente logren que el ser humano sea eso: un verdadero ser humano en plenitud.

Que cristianos o no, católicos o no, lleguemos a abrazar la Navidad en su esencia verdadera y hagamos vida aquello de “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Una muy feliz y fecunda Navidad para todos ustedes.

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