20 de Mayo de 2018

Opinión

Una prohibición hipócrita

El impedimento que hace la FIFA sobre el grito que hacen los mexicanos cada que despeja el portero del equipo contrario es insulsa.

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Charles Itandje, nacido en Bobigny, Francia, mide 1.93 metros de altura y actualmente es el portero de la selección nacional de Camerún. 

En lo que va de la Copa Mundial de la FIFA en Brasil ha recibido cinco goles y, como va la cosa, es muy probable que luego de que yo escriba estas líneas reciba dos o tres goles más. 

El 13 de junio de 2014, cada que hacía un despeje de balón, las y los hinchas mexicanos, con una inteligencia neandertal que hubiera sido una delicia para Elías Canetti, le gritaban a una sola voz: “¡Puto!”

La FIFA, asociación cuya voracidad está siendo probada en carne propia por quienes en Brasil aman el futbol pero no al costo que está significando el Mundial en sus tierras, se erigió en la Iglesia que tan lúcidamente desveló John Oliver en su programa “Last Week Tonight” y blandió una sanción económica a la FMF para dizque prohibir el grito que Molotov elevó a himno nacional. 

Existían otras sanciones, como partidos a puerta cerrada o expulsión del seleccionado, pero hubieran significado pérdidas millonarias para quienes aprobaron que los estados homofóbicos de Rusia y Qatar sean las sedes de la fiesta mundial del futbol en 2018 y 2022.

La prohibición de FIFA es, pues, además de insulsa, hipócrita; pero eso no es patente de corso para justificar lo injustificable: el cretinismo nacional que, parafraseando a Calderón, corre parejas con la más variada dotación de actos y expresiones de discriminación en México y responde a la doble moral de la FIFA con decenas de “memes” desatando la homofobia nuestra de cada día a manera de chistes a cual más estúpidos, de justificaciones infantiles como la de González Iñárritu diciendo que los brasileños le gritaron igual a San Paco Memo Ochoa o de historiografía de la infamia al afirmar que decir “puto” es una tradición tan añeja como la corrupción de nuestra clase política.

Dicen los que saben que el grito de marras se vinculó al futbol en un partido de las Chivas, probablemente contra el América, en Guadalajara, capital del estado que ocupa, junto con otros dos, el cuarto lugar nacional en crímenes de odio por homofobia en un país que tiene el segundo lugar a nivel mundial en las estadísticas del mismo delito, después de Brasil; los otros dos estados son Michoacán y Yucatán. Ahí se lo encargo pa’ que lo piense.

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