23 de Febrero de 2018

Opinión

Una reflexión

Ahora lo importante no es la labor que desempeña el trabajador en el sitio arqueológico, toma más importancia la necesidad personal del empleado.

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Recordando las pláticas con los abuelos, revisando fotografías e informes de los años 30 y hasta 1970, vemos que el cuidado de las zonas arqueológicas estaba a cargo de las familias Salazar, Burgos, Dzib, Huchim y Chablé. Las cabezas de estas familias tenían una gran responsabilidad y un profundo cariño por el trabajo que desempeñaban en los sitios arqueológicos. Vivían ahí, tenían todo el tiempo para procurar que su sitio estuviera limpio a pesar de la poca afluencia de visitantes. De estas familias, hasta hoy van tres o cuatro generaciones de trabajadores que crecieron, vivieron y trabajan en las zonas arqueológicas.  

En los años 80 comienza una transformación, se integran a esta noble labor otros grupos, toma fuerza el sindicato, surgen las palancas, se incluyen programas para completar la enseñanza de los trabajadores que no habían concluido la educación primaria y, al final,  se heredan las plazas.

Todos estos aspectos cambiaron rotundamente aquel sentido místico por el servicio en la zonas arqueológicas. Ahora lo importante no es la labor que desempeña el trabajador en el sitio. Toma más importancia la necesidad personal del empleado. Pero entre todos estos intereses aún se recuerda a trabajadores como Pedro Góngora, Mario Magaña, Pascual Huchim, el finado Vidal Dzul y algunos más que fueron y son un ejemplo del verdadero guardián del patrimonio, como era el nombramiento original de esos trabajadores. 

Hoy me pregunto qué pasó, qué hizo cambiar la mentalidad de los trabajadores. ¿Será que tomaron en serio su papel de burócratas, aplastando la silla hasta cubrir las ocho horas? ¿Será que se sintieron muy seguros de no perder el trabajo y ya, dentro del sistema, es más listo el que haga menos? ¿Qué habrá propiciado este cambio? ¿Fue el mismo sistema de gobierno, se fortaleció el trabajador con toda la capacidad de convertir en rehén el patrimonio cuando siente afectados sus intereses? ¿Desde qué instancias hay que generar los cambios para transformar la mentalidad de los empleados y beneficiar a la institución,  al estado y al país? 

Esta reflexión no es un visión romántica, sino que pretende reafirmar nuestros valores como ciudadanos y trabajadores de cualquier institución. También como ciudadanos reafirmar nuestras convicciones y hacernos más conscientes del cuidado de nuestro patrimonio.

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