12 de Diciembre de 2017

Opinión

Una riqueza turística que aún “pasa volando”

La diversificación turística permitirá a Quintana Roo permanecer como líder en la materia. Esta ha sido la conclusión en los recientes encuentros celebrados en el Caribe mexicano...

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La diversificación turística permitirá a Quintana Roo permanecer como líder en la materia. Esta ha sido la conclusión en los recientes encuentros celebrados en el Caribe mexicano y en lo que la mayoría coincide, aun cuando el actual modelo siga prevaleciendo. En este sentido, la observación de aves en Cozumel se presenta como una opción real, atractiva, totalmente ecológica y única en esta región.

La isla –no sólo de las golondrinas- recibe cada año más de 80 especies diversas de aves en su ruta migratoria ante la llegada de algunas estaciones, particularmente del invierno en Norteamérica. Dentro de las avistadas en la ínsula, existen más de 240 especies que al menos han llegado una vez a estos ecosistemas, lo cual enriquece aún más el panorama.

Este dato, complementario del anterior, es clave para entender la relevancia: según la Dirección de Cultura para la Conservación de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de Cozumel, de las cuatro rutas migratorias en el continente americano, dos tienen escala en la ínsula, donde la Conanp registra 288 especies de aves. De éstas, más de 50 son migratorias.

La semana pasada Cozumel fue sede del Sexto Festival de las Aves, marco en el cual se reconoció que México (y la isla en lo particular) es rico en diversidad de aves, ya que existen mil 96 especies descritas, mientras que en el mundo hay poco más de 9 mil 600. 

La avifauna mexicana representa 11 por ciento de todas las aves del planeta y Cozumel tendría aproximadamente el 20 por ciento de ese total, lo que no se aprovecha para impulsar el ecoturismo como muchos desean.

Recientemente desde la Dirección de Turismo municipal se reconoció que los amantes de la observación de aves viajan miles de kilómetros para lograr ver la avifauna exótica en su ambiente natural, que la mayoría proviene de Europa y es de alto poder adquisitivo; sin embargo, no existe una estrategia en forma para fortalecer cuanto antes esta opción y no depender del buceo o los cruceristas, que están más sujetos a factores externos.

La publicación estadunidense U.S. Fish & Wildlife Service publicó hace pocas semanas que el mercado de observación es de 47 millones de personas en el mundo, y que en 2013 dejó una derrama económica de al menos 107 mil millones de dólares. Se estima que solamente en Estados Unidos los observadores sumaron 82 millones de personas que gastan 35 mil 700 millones de dólares por año en dicha actividad.

Las agrupaciones ambientalistas de México Defenders of Wildlife y Teyeliz, A.C., estiman que en este país sólo se captan entre 23 y 24 millones de dólares anuales, aunque en Cozumel desconocen cuántos visitantes arriban con tal fin, evidenciando esa falta de estrategia, que no interés.

Con esos números millonarios, con esa proyección y considerando el nulo daño a los ecosistemas, la observación de aves debe ser tema prioritario para el gobierno y no una alternativa para ir desarrollando conforme “se pueda”.

La observación de aves es una de las mejores formas de aprovechamiento sustentable de esa tremenda riqueza municipal que no puede esperar. Autoridades, y también empresarios, no pueden permanecer mirando cómo les pasa literalmente volando esta magnífica oportunidad.

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