22 de Octubre de 2018

Opinión

Una trampa maliciosa

Políticos hay de todo tipo y merecedores de muy distintas calificaciones.

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Belisario Domínguez, Andrés Granier, Carlos Castillo Peraza, Felipe Carrillo Puerto, Enrique Peña Nieto, Cuauhtémoc Cárdenas, Benito Juárez, George Bush, Adolfo de la Huerta, Pablo Gómez, Nelson Mandela, Jesús Reyes Heroles, Benito Mussolini, Andrés López Obrador, Felipe Calderón, Venustiano Carranza y Luis H. Álvarez son todos la misma cosa.

Suena absurdo, irrespetuoso y hasta ofensivo.

Es difícil tomar en serio a quien diga que Mandela y Mussolini, De la Huerta y Carrillo o Cuauhtémoc y Calderón son lo mismo. Sin embargo, todos los días entran personas a nuestras casas a decirnos justamente eso. Lejos de correrlos, de callarlos, de al menos cuestionar su dicho, cada vez más gente acepta estos dicterios. Mala cosa, en momentos en que distinguir entre unos y otros se vuelve necesario para construir un mejor país.

Esto viene a mi mente cada vez que locutores de radio y televisión, así como algunos escribidores, vomitan todo tipo de descalificaciones contra “los políticos”.
“Los políticos” son objeto predilecto de desahogo de quienes, entre el interés y la falta de imaginación, llenan horas y páginas con estas vulgaridades -que ya es malo- y son aplaudidos por ciudadanos decepcionados con los magros resultados de la democracia mexicana -que es realmente grave.

Primero, porque políticos hay de todo tipo y merecedores de muy distintas calificaciones. No distinguirlo impide optar en conciencia y en favor de las propias convicciones.

Segundo, porque a diferencia de lo que ocurría hace veinte años, los políticos que hoy se encuentran en el poder fueron electos. Recibieron el voto de una mayoría de ciudadanos, cuando se trata de cargos ejecutivos, y de la totalidad de ellos, cuando se habla de los congresos.

La democracia no es sólo el derecho ciudadano a votar, sino también la obligación de asumir la personal responsabilidad de haber dado poder a uno u otro tipo de político.

Le propongo pues que, cuando un opinador vuelva a insultar su inteligencia hablando de “los políticos”, recuerde a las personas a quienes Ud. ha dado su voto y a quienes tal vez se lo volvería a dar, pues tiene la ciudadana certeza de que los políticos que Ud. premia con su sufragio no son lo mismo que aquéllos a quienes se los niega.

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