15 de Julio de 2018

Opinión

¿Vale madre?

La cada vez más activa participación de la mujer en las actividades productivas ha planteado nuevos retos a la maternidad.

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Aunque el 10 de mayo es el día oficial o comercial para festejar a las madres, la maternidad debería celebrarse todos los días, pues es el acto de amor más generoso que existe, ya que la paternidad puede ser sólo un acto de fe o simple complicidad compartida, o, en el mejor de los casos, comprometida.

En muchos países esta celebración es el segundo domingo del mes de mayo, pero en México es el 10 de mayo, desde 1922, cuando por iniciativa de un diario capitalino se estableció que fuera este día, como una respuesta a las iniciativas hechas por las ligas feministas de Yucatán, que proponían una maternidad opcional y la utilización de métodos anticonceptivos, ideas contrarias al concepto arraigado en esa época de: “Los hijos que dios mande”.

El proceso biológico que hace posible la maternidad es el más fascinante de la biología, en el que la fusión de las moléculas de ADN de los progenitores produce el germen de una nueva vida, que la mujer albergará durante nueve meses en su cuerpo capaz de adaptarse para proveer todas las condiciones necesarias para implantar y desarrollar la réplica de un ser humano, con quien se establece comunicación que va mucho más allá del cordón umbilical, ya que, al cortarlo, se ha creado un vínculo emocional aún más fuerte y que, sin lugar a dudas, es la esencia de lo que se concibe como amor. 

La participación cada vez más protagónica de la mujer en las actividades productivas ha planteado nuevos retos a la maternidad, restringiéndola, postergándola o en algunas ocasiones evadiéndola, y creándose también un nuevo concepto de familia, el de la madre soltera, que puede ser considerado un indicador de desarrollo económico, pues representa la autosuficiencia económica de la mujer; pero cuando participa en el modelo tradicional de familia contribuyendo económicamente, su actividad no siempre es bien valorada, ya que tiene un trabajo formal remunerado fuera de su casa y otro informal no remunerado impuesto por las obligaciones del contrato matrimonial.

La presión económica que significa mantener una familia obliga a que el marido y la mujer tengan que trabajar fuera de la casa y esto es uno de los tantos factores que contribuyen al cada vez más frecuente divorcio, que siempre implica inconvenientes a la hora de repartir bienes y males; como otorgar una pensión justa, tomando en consideración: nueve meses de embarazo y sus complicaciones.

En este contexto, qué valor otorgarle a las dolorosas y agotadoras contracciones uterinas que hacen posible el parto, o el dolor posoperatorio de una cesárea, el esfuerzo que significa bajar el sobrepeso del embarazo o el desvelo por la lactancia y que todavía el padre se atreva a reclamar la patria potestad de los hijos a quien es poseedora del patrimonio exclusivo de la maternidad. ¿Cuánto vale realmente una madre?

P.D. Para doña Alicia y doña Chonita, generosas y amorosas manos que no sólo mecieron mi cuna.

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