19 de Septiembre de 2018

Opinión

'La Vaquería'

Esta obra es agua fresca, esfuerzo visible por donde se le mire, comedia de situación, que habla de lo que sucede en el interior de las casas, en el interior de nuestro Estado, antes de iniciarse la vaquería.

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Suelo quejarme de lo poco cuidados que están algunos libretos del “teatro regional”: chistes de internet, enredos que no cuajan o que se desvanecen a media puesta, parodias del mismo tema multiplicados por cuatro o cinco; la falta de creatividad se manifiesta en esas repeticiones,  y lo único que busca es que una obra de 2 horas se mantenga únicamente con el nombre o  las ocurrencias de tal o cual comediante, de cual más grotesco o grosero puede ser.

Sin embargo, hoy quiero compartir con el lector el enorme gusto que me dio ser testigo de la obra “La Vaquería”, original de Erik Santoyo, coproducción de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán.  De entrada es importante señalar el enorme esfuerzo del creador de esta obra, pues no se conforma  con escribir un buen libreto, sino que, además, convoca un nutrido ballet folklórico que es acompañado con música en vivo.

En algún momento el escenario se llena de más de 40 personas con los colores y la música de nuestro lindo Yucatán.

Personalmente creo que le faltó algo de rigor con algunas situaciones del guión para no caer en la comedia ramplona en ciertos momentos, esa debilidad la noté también en algunas actuaciones, el borracho no puede ser tan tibio, ni confiarse en la situación que lo antecede, ojo: la comedia tiene que tomarse muy en serio o no alcanza los límites extraordinarios de este género. 

Si bien la obra no cuenta con las reconocidas figuras del teatro regional, sí logra empatía con el  público y  las mejores escenas están sobre las actuaciones de Ilse Morfín, Marpi Jiménez y Geigy Canul. Tengo que decir que me encantó Geigy, su personaje de mamá, es realmente poderoso, si indagara un poco más en su vulnerabilidad, sería perfecto y así como arranca sonoras carcajadas al público, arrancaría también más de una lágrima.

A Geigy sólo la había visto haciendo personajes fársicos, de niña tonta o retrasada, quizá por eso me encantó descubrir su poderío y lo que puede hacer con un buen libreto.

En el panorama de nuestro teatro, esta obra es agua fresca, esfuerzo visible por donde se le mire,  comedia de situación,  que habla de lo que sucede en el interior de las casas, en el interior de nuestro Estado, antes de iniciarse la vaquería. Enhorabuena a Erik y a su elenco, pongo el acento en que el público de a pie, el que ama el teatro sin buscarle costuras, salió muy contento.

Una obra ampliamente recomendable y que al ser producida por la Sedeculta no tiene costo en taquilla. Véala, aplaudirá las coreografías, saldrá más feliz y, si esto es posible, más yucateco.

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