22 de Septiembre de 2018

Opinión

El vendedor, la cueva y el tesoro

Moraima Marín Ronzón escribió, entre otros, un interesante relato que ahora se presenta...

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La Huasteca veracruzana es rica en tradición oral y Moraima Marín Ronzón escribió, entre otros, un interesante relato que ahora se presenta. 

Federico era un humilde vendedor de chile ancho, originario de Ixhuatlán de Madero. Un día que tuvo muy poca venta, se sintió cansado de tanto caminar y se sentó a dormir a la sombra de una gran piedra. 
Al acomodarse, notó que dicha peña tenía un agujero en forma de puerta. Decidió meterse en la cavidad para descansar mejor. Sólo había penetrado un poco en la gruta, cuando encontró varias pailas rebosantes de monedas de oro, de plata y otras joyas que parecían de gran valor.

Asombrado ante tales riquezas, agarró unas cuantas monedas y las apretó en el pecho. Pensó en comprar más burros y más mercancía para lograr mayores ventas. Un poco más repuesto de la impresión, empezó a llenar con las monedas el morral de su bastimento y un saco vacío que ocupaba para guardar sus chiles. 

Cuando decidió salir de la cueva se dio cuenta que ya no estaba la entrada y tampoco su burro. En su casa, su esposa Conchita, lo esperaba preocupada porque ya había tardado mucho y más se asustó cuando vio llegar solo al burro que había llevado.

Pasaba el tiempo y Federico no aparecía. Ella empezó a imaginar que quizá lo habían asaltado o, peor aún, que se hubiese quedado muerto en algún lugar. Durante mucho tiempo se le estuvo buscando; transcurrieron los meses y no lo encontraron. Cuando hubo perdido las esperanzas, Conchita y toda su familia le hicieron a Federico los funerales apropiados. Pasó un año más y Conchita aún lloraba desconsolada la desaparición de su esposo.

Justamente cuando preparaban la ceremonia para el cabo de año, apareció Federico con el pelo largo, la barba crecida, muy delgado. De su ropa sólo quedaban harapos. Su familia no lo reconoció, pero cuando se dieron cuenta de quién era lo abrazaron y besaron. El contó todo lo que le pasó y sacó del andrajoso morral y del desgastado costal las monedas de oro y plata, así como las valiosas joyas que halló en la cueva.

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