23 de Septiembre de 2018

Opinión

'Verdades', verosimilitudes y 'realidad'

La crisis llevó a los directivos de las instituciones a mendigar apoyo en sus patronatos.

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A mediados de diciembre comenzó a sonar la alarma: la Secretaría de Salud de Tabasco adeudaba 400 millones de pesos a proveedores y especialistas; los cinco hospitales de alta especialidad y las ambulancias del sistema de Urgencias Médicas en la entidad quedaron paralizadas porque ni para gasolina tenían y, peor aún, ya no practicaban exámenes de laboratorio para consultas externas; se suspendió la atención y aplicación de medicina nuclear a pacientes con cáncer; se cancelaron las cirugías de corazón y, por falta inclusive de gas, se dejó de alimentar a los enfermos encamados.

La crisis llevó a los directivos de las instituciones a mendigar apoyo en sus patronatos, en la Federación, en el ISSSTE y en el Seguro Social.

Por extraño que pareciera, todo indicaba que el ex gobernador Andrés, mejor conocido (y respetado, por cierto) como El Químico Granier, no solamente había hecho un desastre con las finanzas de Tabasco, sino que, además, su verdadera profesión era la de vulgar ladrón.

En abono de su mala fama se conoció una grabación, certificada por él mismo como genuina, en la que se ufanaba de adquisiciones inexplicables no tanto por lo que le habrían costado sino por lo demencial de cifras tan descocadas como mil pares de tenis o 400 trajes.

Granier aseguró que se trató de una fanfarronada de borracho pero, háiga sido como háiga sido, el bochornoso episodio lo confirmó como probable carne de prisión.

Así estaban las cosas cuando la Procuraduría de Justicia de Tabasco hizo la espectacular presentación de casi 90 millones de pesos en efectivo, asegurados, afirmó, en una refaccionaria de Nacajuca, propiedad de Marlis Cupil López, ex colaboradora (contable en un despacho particular, no en el gobierno de Granier) del ex tesorero del estado, José Manuel Saiz Pineda.

Por la noche del viernes, sin embargo, el supuesto “propietario” de tal fortuna emitió un comunicado en el que negó cualquier relación con ese dinero; que se trataba de un “montaje” tan burdo que ofendía la inteligencia de los tabasqueños y su deslinde parece tener sentido: si ya desde diciembre se puso en duda la probidad de Granier y su gobierno en el manejo de las finanzas estatales, si de verdad el dinero era de él, ¿por qué mantenerlo en un domicilio ajeno y allí mismo en Tabasco?

La versión del ex tesorero fue reforzada el viernes por la mañana, de manera por demás dramática, por el penalista Xavier Olea, quien hizo lo suyo para que, en el noticiario de Carlos Loret de Mola, la supuesta delatora de las cajas atestadas de billetes, Marlis Cupil, con vendajes y postrada en una cama de hospital, dijera que había sido secuestrada, golpeada y amenazada por sujetos embozados de que sería decapitada si no firmaba lo que, sin dudarlo, firmó.

Abundan casos para demostrarlo, pero éste confirma lo que muchos ejercitantes del oficio niegan, se suman a linchamientos mediáticos y venden la patraña de que dicen “la verdad”: la información periodística es intrínseca, invariable y fatalmente subjetiva, las “verdades” son muchas y es muy difícil conocer eso que llamamos “realidad”.

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