21 de Septiembre de 2018

Opinión

Los viajeros que escribieron a México

Los imaginarios en torno al país eran atractivos para ciertos viajeros, algunos eran atraídos por el precedente de una revolución victoriosa.

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Dice Rafael Lemus sobre los viajeros que vinieron a México en las primeras décadas del siglo XX: 'Porque hubo un tiempo en que México ocupaba un buen sitio en ese imaginario. Era el país un sitio clave, presuntamente mítico, dibujado así por cientos, de veras cientos, de escritores extranjeros' (Lemus, 2009: web). Viajaban afanados en conocer un territorio lleno de exotismos y naturalidad, relieves y planicies salvajes. Imágenes exuberantes querían ser constatadas al pisar la tierra.

Lo cierto es que los imaginarios en torno a este México eran atractivos para las necesidades de ciertos viajeros, algunos estaban atraídos por el precedente de una revolución victoriosa, sin preguntarse más acerca de la naturaleza de ésta y su camino a seguir una vez la victoria conseguida; otros llegaron con fines experimentales, haciendo del viaje espacial también una traslación temporal, viajar del 'tiempo de su país' al 'tiempo de México'.

Aunque los viajeros llegaron en distintas fechas, mantuvieron correspondencia leyéndose entre ellos, algunos se identificaban como parte de la izquierda y vinieron seducidos por la imagen aparente de un país donde la Revolución dio los frutos esperados.

Leyeron los diarios, novelas y relaciones de viajeros anteriores a ellos, lo que tuvo como consecuencia nuevos desplazamientos, debido a que la lectura estimuló el deseo de viajar y conocer México. A través de la lectura se apropiaron de los imaginarios que más tarde sugestionaron la visión con la cual vieron a México. Es entonces cuando emerge la figura del otro, México se tornó en una masa territorial moldeada por las manos de quien escribe.

La generación beat a la que perteneció Jack Kerouac fue la última en viajar con el imaginario del 'país mítico', tanto los personajes de sus novelas En el camino (1957) y Tristessa (1960), como el autor, se desplazaron sobre las carreteras mexicanas en un momento decisivo durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, de 1946 a 1952, en el sexenio en que se dieron cambios culturales y sociales drásticos en el país. Sin embargo, la industrialización no desvió la visión permeada de estos últimos viajeros. Kerouac había leído Bajo el volcán (1947) de Malcolm Lowry y estaba dispuesto a mirar el paisaje y las personas que caminaban en aquel territorio inhóspito.

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