19 de Diciembre de 2018

Opinión

Violencia en el asfalto

La neurosis es un desequilibrio emocional con repercusiones orgánicas, de cuyas consecuencias en reiteradas ocasiones no se está consciente.

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El deterioro progresivo de nuestra integración o cohesión social es un fenómeno real que transforma y destruye al ser humano del siglo XXI. Lo anterior lo comento con tristeza y máximo temor ante un hecho lamentable vivido recientemente. 

Una tarde cualquiera, regresando del trabajo, me detuve ante el resplandor de la luz roja del semáforo. A mi costado derecho se encontraba un auto compacto color azul, de  cuya matrícula no quiero abundar, cuyo guiador, ni tardo ni perezoso, fue el protagonista de bochornoso espectáculo. Haciendo alarde de fuerza y cual tractor de carga alcanzó y empujó al automotor que tenía inmediatamente adelante, toda vez que su conductor no atendió “ipso facto” al resplandor verde del controlador de tránsito. 

Pero este suceso no termina aquí; no contento con esta exhibición de machismo y fuerza bruta, sacó la cabeza a través de la ventanilla y arremetió verbalmente con improperios y coprolálico lenguaje  contra “el torpe conductor”  que retrasaba unos segundos su ansioso transitar. 

Este tipo de arrebatos de violencia por insignificantes eventos nos deben preocupar. De ninguna manera puede haber justificación, cuando la buena y tolerante convivencia debe privilegiarse cotidianamente para mantener la estabilidad entre semejantes. Pensar, discernir y razonar son  características que nos distinguen de los animales inferiores en la escala biológica. 

Hablando médicamente, la neurosis explicaría este fenómeno bio-psico-social, matizado con patrones de pensamiento, sentimientos y actos inadaptados. Este desequilibrio emocional con repercusiones orgánicas pertenece al área de los  trastornos psíquicos, de cuyas consecuencias en reiteradas ocasiones no se está consciente. Para explicar lo anterior, cabe mencionar que algunos detonantes como el estrés, conflictos personales, familiares,  laborales, económicos e incluso de tipo ambiental alteran el buen comportamiento  biológico y nos llevan a sufrir síntomas dolorosos como depresión, culpa, remordimiento u odio.

En las buenas y en las malas debemos privilegiar la razón, tratando de controlar la emoción. La división social o más bien la falta de cohesión social nos hacen manipulables, débiles, solitarios y presas fáciles de los depredadores externos. Recordemos que el único verdadero enemigo del hombre es el mismo hombre, y las actitudes o conductas que mostremos a las generaciones que nos suceden les servirán como marco de referencia. 

Finalizaría con la siguiente frase “Siembra inteligentemente hoy  lo que el día de mañana esperas cosechar”.

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