18 de Diciembre de 2017

Opinión

La visión del mundo

Es verdad que el ser humano no tiene la capacidad de decidir todo aquello que llegará a su vida, pero sí es dueño de cómo vivirá.

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Tuve la oportunidad de salir a comer con un par de matrimonios, fue muy interesante ver dos formas de vivir la vida tan diametralmente opuestas, me pude hacer una buena idea acerca de por qué una pareja refleja una vida feliz en su matrimonio mientras la otra parece ir arrastrando la existencia; uno de los matrimonios hablaba de lo soleado y agradable que se veía el día, recordaba con agrado la película que había acudido a ver la noche anterior, se aventuró a pedir unos platos desconocidos para la pareja y los disfrutó entre una agradable y vivaz plática.

La otra pareja parecía ser el polo opuesto de la primera; durante el camino al restaurante, a la esposa se le cayó un pequeño estuche de maquillaje que acabó manchando los pantalones del marido, llegando al restaurante se sintieron incómodos porque la mesa en la que nos sentaron no era del todo de su agrado, la ventilación les parecía insuficiente, decidieron pedir para comer alguna de las comidas que les eran más conocidas, la mayoría de los nuevos platos les parecían poco confiables, la esposa aseguró que no era muy común que salieran a comer, ya que la mayoría de las veces erraban en la selección del restaurante.

Lo más interesante de todo es que en realidad ambas parejas se encontraban en el mismo ambiente y lugar, tenían a su disposición idéntico servicio y comidas, sin embargo lo que ambas parejas experimentaban era completamente opuesto; ante idénticas opciones, una de las parejas había decidido vivir el lado alegre y soleado de la existencia, disfrutar de lo que les ofrecía día a día, exprimir lo bueno de todas y cada una de sus horas poniendo mayor énfasis en disfrutar que en quejarse; podían gozar o no de lo que la vida les daba a diario y tomaron la decisión de ir por todo aquello que de bueno ponía a su alcance.

La segunda pareja parecía observar siempre el frijol en el arroz, con una visión dirigida a encontrar siempre aquello que podía robarles los momentos de felicidad, dispuestos a detectar lo desagradable en lugar de lo agradable, se anclaban en su vista las razones suficientes para no encontrar aliciente alguno en salir de paseo, viajar, ir al cine o a bailar; empeñados en localizar todo aquello que de frustrante tenía la existencia era eso precisamente lo que abundaba en sus días: frustración en lugar de disfrute, desconfianza en lugar de esperanza, crítica en vez de razones para confiar.

En este par de matrimonios pareciera estar resumida buena parte de la realidad de nuestros días, con seres humanos que encuentran ante sus ojos aquello que buscan, personas que deciden qué camino elegirán en esta vida y sin embargo parecen no percatarse de ello,  y eligiendo ser felices encontrarán las razones suficientes para ello a lo largo de toda su vida.

Esto por supuesto no significa que quienes decidan disfrutar la vida lo hagan sin problemas en el horizonte, sino que simplemente serán felices a pesar de los problemas que la vida les presenta, se empeñarán rabiosamente en sacar de la vida todo lo que de bueno puedan tomar de ella; es verdad que esta manera de vivir no logrará añadir un solo minuto más a nuestra existencia, pero sí la tornará mucho más gratificante, con más sabor, con la posibilidad de vivir al máximo hasta el último día.

Es verdad que el ser humano no tiene la capacidad de decidir todo aquello que llegará a su vida, pero sí es dueño de cómo vivirá lo que le toque, sí es decisión suya con qué animó y espíritu transitará por cada uno de los días de su vida; puede entender con claridad que la vida es bella no por carecer de problemas sino a pesar de ellos, que no existe una vida en la alegría y una no vida en el dolor, sino que ambos son ingredientes naturales de una vida humana y nos corresponde a nosotros disfrutar de los miles de días placenteros y aprovechar la sal de los días difíciles para poder sazonar a gusto una vida plenamente vivida.

Mientras centremos nuestra mirada en las cosas que hacen pesada la vida, la vida será pesada; si dirigimos la mirada hacia aquello que hace deseable e importante vivir esta vida, mayores razones para la alegría encontraremos; es absolutamente cierta la frase que asegura que donde esté tu tesoro ahí también estará tu corazón, es decisión nuestra si queremos ubicar nuestro tesoro entre los problemas o las alegrías de la vida, y definitivamente ahí estará nuestro corazón.

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