18 de Octubre de 2018

Opinión

Voces de Chernóbil

'Si no le hago esto, se le parará su único riñón'.

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Copio un párrafo al azar del coral inaudito: “Vi morir a un amigo. Se hizo grande, se hinchó. Como un tonel. Y mi vecino. También estuvo allí. Un operador de grúa. Se volvió negro, como el carbón, y se secó hasta el tamaño de un niño. No tengo claro cómo voy a morir. Si pudiera elegir mi muerte, pediría que fuera común y corriente. No como las de Chernóbil”. 

Es un párrafo bastante tranquilo en comparación con todo lo que puede leerse en “Voces de Chernóbil”, el aterrador trabajo de la Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexeievich.

Uso adjetivos que parecen hipérboles y, sin embargo, queda indefenso el lenguaje ante una catástrofe que no ha terminado y concierne a todos. 

Como ejemplo, ofrezco otro párrafo. Una madre habla de su hija nacida después de la explosión. Narra a Svetlana que ha escrito a eminencias médicas para ver si alguien, en algún lugar, se interesa en su hija, aunque sólo sea por tratar el fenómeno: “Escribo que cada media hora he de exprimir la orina con las manos; la orina sale a través de unos orificios puntuales en la zona de la vulva. Si no le hago esto, se le parará su único riñón. ¿Dónde hay en el mundo otro niño al cual cada media hora se le ha de expulsar la orina con las manos? ¿Y cuánto tiempo se puede resistir algo así? [Llora.]”.

Se dio el Premio Nobel a una periodista de investigación (con lo cual se dignificó el género) pero que escribe con una violencia dantesca y casi en sordina, porque lo que se está viendo, lo que se está oyendo, no requiere más que fluir para horrorizarnos.

Pero también es un Premio Nobel al valor de ir a ese sitio y de hablar de algo que quisiera ocultarse. Fue una de las causas inmediatas de la caída de la URSS, pero es una acusación en carne viva contra el armamentismo y el juego de todos los países con la energía atómica.

Lo dice una víctima: “¿Por qué nuestros escritores tratan tan poco el tema de Chernóbil? ¿Cree usted que es una casualidad? El acontecimiento aún se encuentra al margen de la cultura”.

Es un libro de lectura urgente. El horror que sigue escapándose por grietas de una pésima cúpula contamina el mar, el aire: ¡nos contamina! Y cierro con otra cita, mientras pienso en el futuro: “Allí te sumergías al instante en un mundo fantástico, una realidad donde se unían el fin del mundo y la edad de piedra”.

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