21 de Mayo de 2018

Opinión

Volver a casa

Vale más una palabra amable que el mejor de los regalos.- Eclesiastés

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¿Qué es lo que deseo de la vida? ¿Deseo la paz de la mente? ¿Quiero tener la experiencia de relaciones basadas en el amor sin intenciones convenencieras ni hostilidad? ¿Cuáles son mis razones para vivir? Muchas personas están en búsqueda de un sentido que le puedan dar a su vida, reaccionan ante el vacío interior de muchas maneras absurdas, como la adicción a “comprar” ropa, propiedades, relaciones ventajosas, etc.; y no hay saciedad posible pues el vacío interior no se llena con “cosas” ni con falsas posturas sino con la donación de tiempo para servir y contribuir al bien común, eso sí que llena el vacío interior. Y todo eso con ¡AMOR! 

El amor es una fuerza poderosa de transformación y desarrollo personal; ofrece felicidad, alegría y bienestar físico, permitiendo el equilibrio entre cuerpo, mente, emociones y espíritu para que fluya la energía divina armonizando nuestro ser. Hay veces que nos sentimos heridos por las “malas jugadas” de la vida o por acciones de otros que nos han ocasionado dolor. Si vivimos con rencores, nos llenamos de malestar, conflicto y sufrimiento.

Cuando elegimos el amor “a pesar de…”, nos sentimos bien pues es la única manera de detener la proyección de nuestros conflictos interiores al mundo exterior y liberarnos de pensamientos hostiles y sentimientos de víctimas y/o de victimarios, círculo vicioso que quita la paz y el gozo de vivir. 

Cuando elegimos el amor, el bienestar se compara a estar “en casa” después de un largo y fatigoso viaje porque hemos retornado al lugar de la paz, al amor que es el centro de nuestros corazones y realmente nuestro verdadero hogar. 

Ayudémonos unos a otros a abandonar el miedo, que a fin de cuentas es el vacío existencial y a experimentar el amor eterno y sin límites que es nuestra herencia natural. Ayudémonos a encontrar el amor que brota de lo profundo del corazón humano; con cada respiración, con cada latido y con cada paso que demos hagamos del amor el mensaje de cada día, veamos el rostro de Dios en todos los que conocemos y pensamos, celebrando nuestra unión, solidaridad y la alegría de ser hermanos, uno con el universo, en comunión con la Divinidad, eso sí que llena el vacío interior.

Aceptemos el mensaje de los ángeles en el portal de Belén: “¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que AMA el Señor!”. ¡Feliz Navidad!  

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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