22 de Junio de 2018

Opinión

Vuelven a considerar su mejor asidero

Madero y Zambrano exigen “remediar el incumplimiento” del agregado electoral al Pacto, “realizando una exhaustiva investigación de irregularidades” en las entidades en que hubo elecciones.

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Los líderes del PAN y el PRD, Gustavo Madero y Jesús Zambrano, ponen nuevas condiciones para no romper con el dichoso Pacto por México.

Necesitados de apuntalar su imagen, fotografiaron bien al firmar aquellos 95 compromisos que, juraron, estaban por encima de intereses partidistas para buscar las cacareadas “transformaciones estructurales”. 

Cada cual en su proporción, el Pacto mexicano hizo pensar en el de la Moncloa para el saneamiento y reforma de la economía, así como para la modernización jurídica y política de la España posfranquista (pensar nada más: allá no se había ensayado alguna fórmula democrática ni para una triste alternancia, y se padecía una inflación superior al 26 por ciento).

Madero y Zambrano exigen “remediar el incumplimiento” del agregado electoral al Pacto, “realizando una exhaustiva investigación de irregularidades” en las entidades en que hubo elecciones hace dos domingos, pero también lo que se antojan obviedades tales como “aprobar las leyes secundarias de las reformas constitucionales logradas mediante el Pacto” (se ufanan, pero que serían inimaginables sin Congreso Federal) en educación, telecomunicaciones y competencia económica; que las Cámaras realicen un periodo extraordinario para la reforma política electoral a fin de “combatir y erradicar los vicios en las próximas elecciones”; acordar las iniciativas de reforma del Estado, incluyendo la reforma política del DF y del nuevo régimen político, así como las de reforma energética y hacendaria.

Afirmaron que en algunas entidades gobernadas por priistas se recurrió “al terror, la intimidación, las amenazas a electores y a la compra de votos”; que se violaron los compromisos establecidos en el añadido al Pacto y, en boca de Zambrano, que “resurgieron los peores vicios del antiguo régimen: trapacerías de gobernadores priistas, indolencia de algunos dirigentes de este partido y ausencia del gobierno federal priista para impedirlas. A la frenética carrera de los gobernadores para restaurar al régimen de partido de Estado, no hubo más que indiferencia o complacencia del gobierno federal, encabezado por Enrique Peña Nieto”.

Madero y Zambrano hablan como si desconocieran el informe que, en vísperas de las elecciones que pretextan para volver a condicionar el Pacto, presentó el presidente de la comisión senatorial de seguimiento del solemne adéndum, José María Martínez, del PAN, quien vio focos rojos en solo dos de las 14 entidades, pero también reconoció que el gobierno federal había cumplido en… ¡un “99 por ciento”!

¿Ignoran también que, en alianza de legítimos y espurios, postularon en Oaxaca a un probable violador y fugitivo que se hizo pasar por muerto?

De no ser para distraer sus lánguidas condiciones hacia el interior de sus partidos (el PRD fue mero compañero de viaje en su alianza con el PAN y, pese a triunfos emblemáticos, este último partido se debate en una guerra intestina), no se entiende que amenacen con lo que les ha venido sirviendo de alcayata: el Pacto por México. 

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