18 de Octubre de 2018

Opinión

Waantul y la Cueva Chuyenbalam

El caporal salió a caballo para encontrar la mejor pieza de ganado para capturarla para su patrón, pero el toro lo llevó a una cueva de donde jamás volvieron a salir.

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A principios del siglo XX, el hacendado de Calcehtok, Opichén, se comprometió con sus amistades y les ofreció una gran comida.

Llamó a su caporal y le dijo que buscara al mejor toro de su propiedad para ese día.  Al amanecer, el fiel empleado salió a caballo para cumplir el encargo que se le había hecho. Durante todo el día estuvo buscando la mejor pieza de ganado para capturarla.

Fue casi noche cuando vio a un enorme toro de impresionante figura. De inmediato trató de lazarlo, pero el animal esquivó la reata. El vaquero hizo varios intentos por aprisionar a la bestia. 

El gran bovino fue dirigiendo a su perseguidor hacia una gran caverna vertical llamada Chuyenbalam, temida por todos, pues nadie había llegado al fondo y se decía que era la entrada al Metnal.  La oscuridad tendía su manto y estaban próximos a la citada cavidad cuando el toro se dejó atrapar. Sin embargo, con su descomunal fuerza, jaló a caballo y jinete hacia la profundidad de la cueva de donde jamás volvieron a salir.

Al día siguiente, el hacendado mandó a buscar al caporal pero nadie supo dar razón. Fueron los expertos rastreadores locales quienes descubrieron las huellas del caballo y el toro en el borde de Chuyenbalam. Ellos dijeron: fue obra de Waantul, el dueño del ganado.

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