24 de Septiembre de 2018

Opinión

La Wáay Xnuuk

En un poblado llamado Santa Rosa, cerca de Champotón, llegaba al anochecer una anciana a pedir comida que por las noches se convertía en corpulenta mujer, con una larga cola como de ganado.

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Según Héctor Herrera Sierra, su abuelo le contó que, en un poblado llamado Santa Rosa, cerca de Champotón, llegaba al anochecer una anciana a pedir comida.

Siempre se le daba, pero luego pedía alojamiento, pues no tenía dónde dormir. Se lo consentían, pero ella se quedaba afuera, en la puerta que da al patio de la casa.

Era seguro que alguien de la familia se enfermaba del estómago esa noche y salía al patio a defecar. Detrás de él, se colocaba un ser que le apretaba el cuello. Ya muerto, lo llevaba a su cueva para devorarlo.

Los vecinos vivían atemorizados. Quiso la fortuna que pasaran por allí dos vendedores ambulantes y se enteraron del problema. Prometieron acabar con la bruja.

Una noche, cuando la anciana llegó, los vendedores le tenían preparado una fiesta. Le ofrecieron abundante balché (licor), tabaco y música. La viejita aceptó la invitación de la gente. 

Se sentó a beber, fumar y luego bailó ágilmente. Pero al primer canto del gallo, la ancianita se transformó en una corpulenta y atlética mujer, con una larga cola como de ganado que se le salía debajo el huipil.

Los vendedores y otros hombres la atraparon y condujeron a una cueva cercana. Metieron un perro para que la acompañe. La gruta fue cerrada con un muro de mampostería y sellada con miel.

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