12 de Noviembre de 2018

Opinión

Werevertumorro, Karla y la muerte de la televisión

La gran fiesta de la industria del espectáculo ya no son el Oscar, los Grammys ni nada de eso. Son los MTV Millennial Awards.

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No hay peor ciego que el que no quiere ver. La televisión, tal y como la conocimos en los últimos años, está muriendo.

Por más que las grandes cadenas nacionales jueguen a las estridencias, todos los ratings de todos los canales de todo el planeta se están atomizando.

¿Ahora entiende esa ridiculez de que justo ahora, cuando esto va de bajada, los mexicanos vayamos a tener más cadenas y más señales? ¡Ya para qué!

La gente, sin importar su edad ni su nivel socioeconómico, está emigrando y no nada más a la televisión de paga. Hay algo maravilloso en el ambiente donde está todo, absolutamente todo, lo que antes nos daba la televisión, pero sin sus limitaciones.

Es internet y ahí no hay que andar levantando elefantes blancos para conquistar a las audiencias, no hay que pasar por sociedades autorales ni sindicatos.

Se puede decir lo que se piensa, mencionar marcas, gobiernos, hablar como hablamos todos. ¡Es el paraíso!

Ojalá que algún día nos podamos sentar a discutir cómo le va a hacer la industria de la televisión mexicana, que se comporta de una manera tan peculiar en relación a las de otras partes del mundo, para sobrevivir, ya no se diga para crecer, en semejante contexto.

Mientras, permítame insistir. No hay peor ciego que el que no quiere ver. La gran fiesta de la industria del espectáculo ya no son el Oscar, los Grammys ni nada de eso. Son los MTV Millennial Awards.

Dígame, por favor, que usted también vio esta ceremonia, ya sea en vivo, a través de las redes sociales, cuando se organizó o de manera diferida, en el canal MTV, el domingo pasado.

¿No se le hizo la cosa más increíble del universo? Por fin unos premios de la gente, con la gente y para la gente.

Y aquí nos podemos comenzar a pelear: ¡Cómo es posible que una cosa tan naca donde se premia al bombón del año y un montón de “tonterías” sea mejor que el esfuerzo de una academia profesional que celebra el arte y la calidad!

Pues sí, sí es posible, porque esas academias, salvo honrosas excepciones, jamás se preocuparon por evolucionar y pretenden seguir clasificando el espectáculo como se clasificaba en la primera mitad del siglo XX y pues, con la pena, ya no se puede.

Hoy los conceptos, los lenguajes, los géneros y los formatos fueron, vinieron, se mezclaron y se volvieron a separar, y las prioridades del público, de los anunciantes y de la industria, también.

Vale más un trofeo de Francotuiteador del Año que uno de Mejor Actor Secundario. Vale más un diploma de Icono Digital del Año que uno de Mejor Dirección de Escena.

MTV, una vez más, volvió a cambiar la historia de la comunicación nacional e internacional dándole su lugar a las cosas, poniendo el acento donde se tiene que poner, alimentando a una nueva generación de jóvenes.

Usted no sabe lo orgulloso que yo, como crítico, me puedo sentir de lo que vieron mis ojos ese domingo. Me sentí parte de la historia, de un cambio, justo como me sentí cuando MTV inició sus transmisiones.

La fiesta, por supuesto, fue un desmadre y eso era exactamente lo que se pretendía: subir a la pantalla la espontaneidad, la irreverencia, pero al mismo tiempo el talento y el profesionalismo de lo que está pasando en las redes sociales.

Amé la conducción de Karla de Souza y de Werevertumorro. ¿Por qué? Porque son dos personalidades a las que admiro y respeto con todo mi corazón, pero también porque no son estrellitas oficiales ni de una empresa ni de una industria.

Karla es la mujer del año por su personaje en la película Nosotros los nobles y Werevertumorro, el hombre de la década por todo lo que ha hecho a lo largo de más de seis años de trabajo continuo en las redes sociales.

A su lado, las luminarias de los premios TVyNovelas son una pobre estupidez. Ellos no valen por una marca, no valen por un reflector, valen por ser ellos mismos y de eso se trata la comunicación del siglo XXI.

Y si se veían gordos, flacos, chichones o nalgones, ¿a quién le importa? No tienen nada que ocultar. No tienen por qué fingir.

Los MTV Millennial Awards fueron una experiencia fabulosa porque, además, sirvieron para lo que todos los premios tienen que servir: para cambiar vidas, para cambiar carreras, para cambiar esquemas y para vender.

¿Notó usted el contraste entre las personas que se presentaron en esa fiesta y las que normalmente se presentan en todas las premiaciones?

¿Notó usted cómo, a muchos de ellos, los comenzamos a seguir a partir de ese punto?

¿Notó usted que ahí se colocaron canciones, series y cualquier cantidad de productos y servicios? ¡Fue algo sensacional!

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El presente, ya no se diga el futuro, no está donde estaba antes. O volvemos a aprender de MTV, o volvemos a aprender de MTV.

Enormes, los MTV Millennial Awards estuvieron enormes. ¿A poco no?

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