10 de Diciembre de 2018

Opinión

Wolverine en Pemex

Antes de que pudiéramos darnos cuenta, a la Torre de Pemex había llegado todo dios, de Mondragón y Kalb a Mancera, pero nada de Robero Deschamps, líder del sindicato petrolero.

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Antes de que pudiéramos darnos cuenta, a la Torre de Pemex había llegado todo dios, de Mondragón y Kalb a Mancera, pero nada de Robero Deschamps, líder del sindicato petrolero, quien probablemente debería estar dándose la vida de pachá que acostumbra en su yate llamado, de manera harto sensible, “El indomable”.

Cuatro horas después del siniestro, el distinguido personaje al que podemos recordar por películas como Mijita quiera ser una Kardashian, no se había presentado ni siquiera a acallar a los sospechosistas que alegaban que qué curioso que ocurran estas cosas cuando se habla de la privatización de Pemex y el SME generaba una gran manifestación a la que nadie le hizo caso por culpa de la explosión en la torre. Bueno, el hoy senador tricolor ya se apareció a las mil quinientas mientras tomaban más forma los rumores que señalaban a los resentidos de siempre como los culpables de la tragedia en su afán por impedir la venta de Pemex.

A lo mejor Robero Deschamps no llegó antes que el hoy legendario Wolverine de Pemex a la zona de desastre (el personaje que sirvió de catalizador frente a la tragedia), siguiendo una máxima muy poco valorada en el mundo mundial: “Más ayuda el que no estorba”. O estaba muy ocupado tratando de maicear a Julio César Maranto para que levante su movimiento e impedir que el municipio de Poza Rica, Veracruz, le ponga el nombre del prócer del Pemexgate.

Eso sí, el sindicato petrolero, antes de que se organizara como es costumbre una comisión investigadora, afirmaba categórico que todo había sucedido por falta de mantenimiento en las calderas. Cosa que, debemos suponer, no es de su incumbencia ni de su interés. Algo que solo pueden compararse con el último tuit de la cuenta de la para estatal, donde se exaltaba la importancia de la seguridad en los protocolos de la institución. Lo mismo pasó en el Ixtoc.

Por supuesto se desataron las teorías de la conspiración. Una más alucinante que otra; más absurda que la otra. Todas ellas excluyendo la estupidez, la abulia, el desdén que suelen acompañar las más terribles desgracias. Nunca hay que descartar esos elementos. Nada más para abrir boca, cabe señalar que Pemex, con tamañas instalaciones, no tenía las herramientas para enfrentar tamaña crisis.

Bueno, cómo estaría la cosa en la Segob que hasta la zona del siniestro había llegado Peña Nieto, pero luego lo desmintieron. Luego apareció para ir contra las especulaciones, como en el caso Monex. Quizá los que revelen la verdad serán los X-Men.


www.twitter.com/jairocalixto

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