25 de Septiembre de 2018

Opinión

#WomenMarch

La iniciativa civil y pacífica le recordó al presidente de los Estados Unidos de América que tiene mucho trabajo por hacer para ganarse el respeto de los ciudadanos...

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El viernes 20 de enero pasó a la historia como uno de los días más oscuros del mundo, el día en que un hombre demagogo, populista y narcisista llegaba al poder de uno de los países más influyentes del mundo. Llegó en un escenario ciertamente difícil, sin el apoyo de una mayoría constituida ni dentro del país ni en el exterior y, sin embargo, logró tomar posesión y convertirse en el presidente número 45 de Estados Unidos de América. Y aunque un ánimo de desesperanza embargaba a gran parte del mundo, veinticuatro horas después y como una bocanada de aires nuevos de esperanza, se desarrolló “La marcha de las mujeres”, un movimiento que primeramente surgió como una manifestación clara y directa dirigida contra el machismo ideológico del presidente Trump, pero que después logró escalar a objetivos superiores.

La iniciativa civil y pacífica le recordó al presidente de los Estados Unidos de América que, aunque ha ganado las elecciones, aún tiene mucho trabajo por hacer para ganarse el respeto de los ciudadanos que en su mayoría no votaron por él. 

Aunque la marcha se concentró en Washington, se desarrolló de igual manera en otras ciudades de EU y el mundo, incluida Mérida. Personalmente la #WomenMarch, como se denomina en las redes sociales, me llenó de emoción, admiración y optimismo. El ver a millones de mujeres y hombres, de todas las edades, nacionalidades, religiones y colores de piel marchando para no permitir que los derechos de las mujeres de igualdad de atención médica, inmigración y derechos reproductivos sean pisados, es digno de reconocer. 

La marcha es reveladora por muchas situaciones, la principal es que da claridad respecto a que millones de estadunidenses no se quedarán con los brazos cruzados, algo que tal vez deberíamos aprender aquí en México, ya que ante el “bravuconismo” del nuevo presidente, el pueblo ha decidido decir: ¡Ya basta! Los derechos de las mujeres son derechos humanos y por lo tanto deben ser respetados, promovidos y defendidos. De esta manera “La marcha de las mujeres” se convirtió, quizás, en el mayor ejemplo global en lo que va del siglo XXI de dignidad, civilidad y democracia.

Por otra parte, la próxima semana podremos observar el tipo de política económico-diplomática que el presidente Peña desarrollará con sus homólogos estadunidense y canadiense; lo cual puede derivar en romper el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El TLCAN tiene un valor de 108 billones de dólares por hora aproximadamente, y su eliminación podría representar para nuestro país una pérdida económica tan fuerte que podría elevar el dólar por encima de un nuevo máximo histórico. 

Si la decisión se dirige a renegociarlo, pero sin obtener ventajas claras para nuestro país, representará no sólo una caída, sino, aún más grave de la que lleva, de la popularidad del presidente y una clara actitud cómoda debajo de la bota del presidente norteamericano.

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