23 de Febrero de 2018

Opinión

Y cómo es él...

El antiguo modelo de hombre-macho está en extinción, simplemente porque ya no funciona y quien pretenda aferrarse a ese modelo quedará solo.

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El hombre es libre para conocer su propia esencia, disfrutarla y compartirla.-  Anónimo  

El don de la vida es tan valioso que cada persona merece cuidarse y cuidar al prójimo necesitado con alegría, respeto, dignidad, justicia y comprensión, de tal manera que reconozcamos lo importantes, irremplazables y dignos que somos. 

La armadura de la masculinidad tradicional : reproductor, proveedor, protector y potente no es suficiente para el hombre actual. Es vital para él abrir espacios interiores clausurados que están vinculados a lo emocional, lo intuitivo, lo receptivo, lo compasivo, y esto no es poca cosa. 

Los seres humanos tenemos dos fuerzas que se complementan y hay que darles su lugar: una de ellas es objetiva y racional  y la otra es receptiva, sensible y reparadora. 

El antiguo modelo de hombre-macho está en extinción, simplemente porque ya no funciona y quien pretenda aferrarse a ese modelo quedará solo, pues, si se ha casado, el divorcio sobreviene inevitablemente por la pobreza afectiva, el aislamiento emocional, la pérdida de contacto real, el desencuentro, el estrés y el desengaño. La realidad es que se pueden rescatar los significados más profundos de la auténtica masculinidad para que la vida, tanto del varón como la de la mujer, tenga un verdadero sentido y armonía, aún más viviendo en pareja.

En el siglo XX, por los años 70, surgen los movimientos de la llamada “Liberación femenina” en los que se cuestiona el rol de la mujer en la sociedad, en la pareja, en la familia y respecto a sus derechos laborales, individuales, políticos, económicos y sexuales. Es real la influencia de esos movimientos en el mundo actual, donde la mujer toma nuevas posiciones y provoca desorientación y desconcierto en los hombres. 

No se pueden pasar por alto las diferencias fisiológicas, y los sentimientos que en el varón se expresan de manera distinta. Igualmente, la forma de hablar, de amar y las necesidades afectivas y físicas. El hombre ha sido educado para calificar y descalificar, y no para aceptar e integrar características indispensables que acercan al ser humano al equilibrio. Sin embargo, las diferencias reales entre varón y mujer no son negativas ni amenazantes. 

La propuesta es replantear la masculinidad en su verdadera esencia: personas íntegras, conectadas con su sensibilidad en una relación auténtica y transparente para desterrar el mito de que la mujer únicamente recibe y el hombre da.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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