15 de Julio de 2018

Opinión

¿Y dónde diablos está el SNTE?

Reducido a su mínima expresión, el que fuera el sindicato más poderoso de Latinoamérica...

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Reducido a su mínima expresión, el que fuera el sindicato más poderoso de Latinoamérica, al que le bastaba un amago para poner a temblar gobiernos y gobernantes, vive hoy en Quintana Roo una realidad alterna muy alejada de las bases magisteriales y de su propia razón de ser, dejando en el cajón del olvido sus propósitos y dando un paso atrás en la defensa de los derechos de los maestros y trabajadores de la educación en estos tiempos críticos, para convertirse en simple comparsa del patrón-gobierno.

Desde antes de la caída en desgracia de la maestra Elba Esther Gordillo, todopoderosa ex dirigente “vitalicia” de la organización, el SNTE empezó a mutar en un adefesio sin sentido que está dirigiéndose a su extinción, ya que ha perdido representatividad y poder a pasos agigantados.

Este paulatino declive ha sido muy notorio a nivel local, donde la sección 25, actualmente dirigida por un muy gris Fermín Pérez Hernández, está prácticamente pintada mientras los conflictos en el magisterio brotan como hongos primaverales.

Las alertas dentro del sector magisterial se encendieron desde hace un tiempo, pero están llegando a niveles peligrosos en este nuevo año, en el que algunas decisiones controversiales dictadas desde la Secretaría de Educación y Cultura están causando turbulencia.

Es justamente en tiempos de crisis cuando el temple de los líderes se conoce, y para el gremio es preocupante que el Secretario General, Fermín Pérez, permanezca agazapado, casi escondido en sus oficinas de la avenida Insurgentes, mostrando una genuflexión que raya en el entreguismo en momentos que reclaman una postura firme y digna de la organización.

Aclaremos el punto: no se trata de confrontarse con la autoridades educativas, ni gubernamentales, con las que la Sección 25 tiene una buena relación gracias a una negociación política que dio la posibilidad de que el gobierno de Carlos Joaquín González lograra el control del Congreso local, pero sí de aprovechar esa apertura para poner las cartas sobre la mesa con toda claridad y exigir la justa solución del cúmulo de añejas demandas del magisterio.

Porque lo que está en juego no son solo los derechos y conquistas laborales de uno de los gremios más importantes -y más golpeados- de la sociedad quintanarroense, sino el alma misma del sindicato, que sigue en la ruta del suicidio apartándose cada vez más de sus bases.

El profesor Fermín no es ningún novato en estas lides. Ha estado comisionado en labores sindicales por casi dos décadas y tuvo un hermano que fue dirigente seccional en el estado de Campeche, aunque en otros tiempos en los que reinaba la bonanza.

Por eso sorprende su carencia de estrategia en el trato de los problemas magisteriales y los pocos logros a presumir en su aún joven gestión, lo que se evidencia en sus propios canales de comunicación, donde continuamente presume reuniones con la Secretaria de Educación, Marisol Alamilla Betancourt, en las que se logran “acuerdos” que nunca son especificados.

Los trabajadores afiliados al SNTE están hartos de la simulación; están cansados de ser utilizados como carne de cañón por líderes y ex líderes sindicales para su lucro personal, y aunque mantienen el respeto por la estructura sindical y por la misma organización -a pesar de las decepciones-, es cada vez más frecuente que tomen acción por su propia cuenta en busca de justicia.

Fermín Pérez tiene la opción cómoda de seguir el camino de sus recientes antecesores, que culminan desacreditados y hasta despreciados por el gremio, pero siguen cosechando apetitosas posiciones políticas y muchas riquezas mal habidas, pero también está frente a él la oportunidad de hacer la diferencia, de rescatar parte de la grandeza perdida del SNTE y del mismo magisterio, de dignificar a la Sección 25 con un verdadero liderazgo, de esos que hace mucho no se ven.

La decisión de cómo quiere ser recordado, es toda suya.

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