21 de Julio de 2018

Opinión

¿Y los borregos, apá?

Vila demostró su apego a la guerra sucia, con la desacreditada hipótesis de que todos los priistas son corruptos. Bastó con que Nerio Torres le demostrara que su declaración de bienes no estaba completa para sacarlo de balance.

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A pesar de las limitaciones propias de unas elecciones intermedias, donde no hay competencia para presidente de la República ni gobernador del Estado y de las críticas que sobre el horario y la falta de transmisión televisiva se hicieron, a mi juicio el debate entre 4 de los candidatos para la Presidencia Municipal de la Ciudad de Mérida, a mediados de la semana pasada, constituyó un ejercicio notable para nuestro, a veces denostado, proceso democrático.

Porque, más allá de los rituales que lo acompañan,  como la declaratoria de triunfo de todos y cada uno de los candidatos, en que las porras del MC y del PAN se enfrascaron, y las anécdotas de color, nos permitió percibir cómo son y cómo se comportan, más allá de los spots, los boletines de prensa y los discursos memorizados, los pretendientes a ocupar la máxima silla municipal, sobre todo los menos conocidos como Carlos Carvajal (PRD) y Mauricio Vila (PAN).

Así, Carvajal (PRD) pudo manifestarse audaz al pretender atacar a la candidata del MC, aunque  un tanto esquemático, pero congruente, al decir exactamente lo que piensa de su candidatura, lo que le fue oportuna y convenientemente revirado por Ana Rosa Payán, que demostró sus tablas.

Pero en un debate, lo más importante, dicen los consultores de la mercadotecnia política,  consiste en NO cometer errores, pues en la vida pública sólo se comete uno; los demás son consecuencia del primero.

Y desde esta perspectiva Vila (PAN) parece que salió perdiendo, pues demostró ciertas debilidades de formación y carácter al ceñirse por completo, al pie de la letra, a las indicaciones de sus asesores que insistieron en un “remake” de la estrategia utilizada hace 3 años por Renán Barrera, sin demostrar capacidad para adaptarse a las circunstancias.

Vila dejó de considerar que quien hoy gobierna Mérida es el PAN, y que todas las deficiencias achacadas a la anterior administración del PRI, iluminación pública por ejemplo, no sólo no han sido subsanadas  sino que se han agravado, ocasionando costos estratosféricos por sus erróneas decisiones administrativas.

Así que, sin hacer caso de la triple advertencia de Nerio Torres, Vila demostró su apego  a la guerra sucia, con la desacreditada hipótesis de que todos y sólo los priistas son corruptos. Bastó con que el candidato del PRI le demostrara que su declaración de bienes no estaba completa para sacarlo de balance.

Patidifuso, Vila reaccionó echando mano de la mentira cuando declaró que ni él ni nadie de su familia han manejado recursos públicos, olvidando que su papá,  que ya no puede defenderse, ocupó puestos de dirección en el Gobierno del Estado y que él mismo trabajó como el segundo del delegado de Sedesol, durante la administración federal del PAN, cuando tuvo que renunciar por el escandaloso fraude en la “cría de borregos”.

Lo malo de la mentira, dicen, es que para tapar la primera se tiene que recurrir a muchas otras. Ya veremos cuántas mentiras más utiliza Mauricio Vila (PAN) en el resto de su campaña política.

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