21 de Septiembre de 2018

Opinión

Ya hay borra-memorias

Investigadores de la Universidad de California han usado luz para borrar memorias específicas en ratones.

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La memoria es un proceso físico, no del alma ni la res cogitans que se inventó Descartes: son neuronas que se enlazan por el paso de corriente eléctrica: iones de sodio y potasio que cruzan la membrana de los axones, alargamientos de las neuronas que forman, con las dendritas (del griego dendro=árbol) la más compleja materia conocida.

El cerebro humano tiene unos 100 mil millones de neuronas. Y unos 500 billones (millones de millones) de sinapsis. Cada una es un mini-procesador. Las vías neurales no empleadas se retraen. Las de mayor tráfico se fortalecen.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos narra en cine el servicio de una clínica que hace olvidar. El amante abandonado paga por borrar el romance. Muy buena. Título tomado de un poema del inglés Alexander Pope: ¡Eterno resplandor de la mente inmaculada!/ ¡Cada rezo aceptado, cada antojo vencido!

Pues ya se ha hecho en ratas empleando luz para borrarles recuerdos. Al recuperar una memoria, células del hipocampo se conectan a la corteza cerebral. “Investigadores de la Universidad de California han usado luz para borrar memorias específicas en ratones, así probaron cómo diferentes partes del cerebro trabajan juntas para recuperar memorias episódicas”: memorias de hechos y lugares. Kazumasa Tanaka, Brian Wiltgen y colegas usaron ratones genéticamente modificados para que al activar una célula nerviosa produjera una proteína que marcaba la célula y la apagaban con fibra óptica.

Así borraron un previo entrenamiento que producía una respuesta de miedo al colocarlas en una caja donde habían recibido choques eléctricos.

Etiquetaron las células responsables de esa conducta, las apagaron y los ratones olvidaron la desagradable experiencia: volvieron a su conducta de olfatear un lugar desconocido.

El equipo siguió esas fibras del hipocampo a la corteza y “mostró cómo células de la corteza se conectaban con la amígdala, la estructura cerebral involucrada en las emociones”. Primera evidencia directa de ese circuito.

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