¿Ya no vamos a la playa, oh, oh, oh, oh?

En vez de justificar el cierre playero por el desabasto del preciado líquido, mejor el jefe de Gobierno hubiera mandando hacer una versión VIP para gente bonita.

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Digo, con lo que se gastó en su viaje al Vaticano el jefe de Gobierno hubiera podido pagar las playas artificiales y artificiosas que se habían constituido como un espacio folclórico-político-cultural de la  Ciudad de México a la altura de la Cabeza de Juárez y el Zócalo en día de marchas. Y por supuesto, estos rinconcitos donde hacían su nido la banda del bar, se hubiera prestado a menos sospechosismos con sus instalaciones sudorosas y los sacrosantos espacios para el caldo de oso y la convivencia-connivencia entre el pueblo, fuera bueno o malo.
Se le fue a Miguel Ángel su última oportunidad de ser popular entre la tropa.

A lo mejor hubo mucha presión de los grupos de papaloys, mirreyes y lobukis del gobierno federal que miraban con envidia cómo se divertía la plebe al ritmo del tuvimos un sirenito justo al año de casados. O sea, en vez de justificar el cierre playero por el desabasto del preciado líquido (sí, claro, no tiene nada que ver con el menosprecio al pasado ebrardista y su idílica Marcelona), mejor el jefe de Gobierno hubiera mandando hacer una versión VIP para gente bonita, gente fina como los hijos de Robero Deschamps, Napito y demás charros sindicales.

Un lugar donde grandes júniors de nuestro tiempo como El Nini Verde y sus amigos pudieran organizar sus pachangones con Torito incluido; unos espacios bien hispters y very nice para la diputadiza que aprobó reformas y leyes con faldas y a lo loco, nomás para quedar bien con la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y no acabar como la  Gordillo, sola con su soledad en su calidad de presa de Cananea.

Un apartado para puro ricchi y sin poveri para que los niños mimados de la vida del Senado y del gabinete ampliado puedan reflexionar sobre cómo ganarse los cien mil dólares que ofrece Bill Gates para quien descubra unos condones más cachondos, cómodos y ultramodernos. Más o menos lo que costaban las toneladas que se le extraviaron al gobierno del góber precioso, mismo que deben de haber acabado en las leoneras de Kamel Nacif y Succar Kuri.

Ya que no vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, por lo menos que los diputeibols que devolvieron las iPads del ingeniero, mejor las deberían de recupera para pasárselas en un acto de buena voluntad a los huérfanos que hoy penan por una playita de Ebrard para el alma.

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Con el ánimo científico de investigar qué hacen los ateos, los escépticos y los dudosos en Semana Santa, parto unos días con las chanclas puestas, nos reencontraremos el lunes con más diversión.