12 de Noviembre de 2018

Opinión

Yo, conmigo

Le tenemos miedo al silencio, miedo a estar a solas con nuestros pensamientos.

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En la calma, en la quietud y en la serenidad encontrarás tu fuerza.-  Profeta Isaías   

Como un atleta se prepara antes de comenzar sus ejercicios o un músico se concentra antes de ofrecer un concierto, así hay que prepararse para lograr mayor y mejor comunicación interior, mayor espiritualidad. No podemos brincar del mundo exterior al mundo interior sin prepararnos y por no hacer esa preparación y ese encuentro, nuestro espíritu se debilita. 

Al no hacer contacto íntimo perdemos nuestra identidad, confundimos los valores y somos como otros nos definen. Alegamos que no tenemos tiempo suficiente.

Vamos de una actividad a otra, de un compromiso a otro. Por eso, hoy más que nunca, hay que desarrollar el arte de estar a solas con nosotros mismos algunos minutos, para encontrarnos con la persona más importante: yo [email protected] Esto no es tan fácil ya que somos educados para la acción; somos parte de una sociedad presionada, ruidosa, acelerada donde tanta tecnología nos hace más dependientes que libres. 

Le tenemos miedo al silencio, miedo a estar a solas con nuestros pensamientos; por eso hay música en los consultorios y también la televisión prendida; el radio encendido en el coche, los teléfonos celulares y, en los bares y restaurantes, varias pantallas pasando imágenes sin sonido, y  además música ruidosa que no tiene nada que ver con lo que se exhibe.

Supuestamente esto es un “plus” pero evita el encuentro agradable con los amigos. 

Sería bueno considerar: si cada día yo dedico tiempo a hablar con tantas personas ¿cómo es que no puedo dedicar algunos minutos  para evaluar cómo ha sido mi día y cómo me siento conmigo? Es insano evitar sentir y reflexionar el tipo de vida  que vivimos. Necesitamos urgentemente momentos de soledad, de encuentro íntimo para comunicarnos con nosotros mismos. 

Es irónico que actualmente haya tantos cursos de comunicación, de oratoria y que proponga aprender a recuperar el silencio, aprender a escuchar los sonidos del silencio; aprender a detenernos para vernos a nosotros mismos cuando el mundo actual exige nuestra máxima velocidad. 

Hay que darnos esa oportunidad, debemos hacerlo para reconocer nuestro ser, nuestra voz interior y redescubrir nuestra alma, nuestro espíritu. Reflexionemos: “Aquel que no consigue estar a solas consigo mismo, será una compañía muy pobre para otros”.   

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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