15 de Noviembre de 2018

Opinión

Yo soy yo

Cuando tenemos un buen sentido de la AUTOAFIRMACIÓN fortalecemos nuestra AUTOESTIMA y viceversa.

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La autoafirmación sana nunca es hostil, abusiva o sarcástica.- C. Jung

Cuando tenemos un buen sentido de la AUTOAFIRMACIÓN fortalecemos nuestra AUTOESTIMA y viceversa. La autoafirmación es no tener miedo de ser quienes somos, tratarse con respeto a sí [email protected] en el encuentro con los demás. No fingir ser otra persona, no desvirtuar nuestros valores, creencias u opiniones para agradar o ganar la aprobación de otras personas. Hay que aprender a respetar nuestras necesidades, valores, deseos y pensamientos e inteligentemente expresarlos.

Lo anterior no significa querer siempre ser el centro de atención o no reconocer los derechos de los otros o ser indiferentes a los intereses de los demás. Algunas personas deciden renunciar a su inteligencia, renunciando así a su autoestima, por miedo a no ser aceptadas y queridas. Nunca es sano, y además lleva al fracaso, establecer una relación con alguien que no respete nuestra inteligencia.

Negarse a reírse de una situación que ridiculiza a otra persona o de un chiste de mal gusto es autoafirmación. Al reconocer nuestras necesidades y vulnerabilidad podemos hacer preguntas directas sin necesidad de fingir que “ya lo sabía”; expresar con naturalidad, sin agresividad, nuestros gustos y entusiasmo, compartiendo emociones; en otras palabras, permitir que los demás escuchen la vibración de nuestro ser, también es autoafirmación.

Cuando nos permitimos la experiencia de ser competentes para afrontar los desafíos de la vida y de ser dignos de lograr los objetivos plasmados en nuestro “proyecto de vida” sentimos y vivimos la autosatisfacción aflorando la felicidad del SER y no sólo del TENER.

Esto nos presenta oportunidades maravillosas. Por ej.: aceptar la amistad cuando alguien nos la ofrezca, ya que es bueno reconocer nuestra necesidad de contacto humano; permitirnos expresar el amor y aun con miedo procurar la emoción del encuentro con nosotros mismos para conocernos y reconocernos. Sólo así podremos admitir nuestros sueños, ideales y  ambiciones legítimas.

Es cierto que se requiere coraje para salir de nuestros escondites y participar en “la fiesta” abriendo las puertas a nuevas posibilidades de autoexpresión. Recordemos que lo que vale, cuesta.

¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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