24 de Septiembre de 2018

Opinión

Yucatán, su desarrollo y vocaciones (1)

Hasta hace unos lustros toda la población rural era mayahablante, casi monolingüe.

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Yucatán es un estado de contrastes: una región rezagada pero en crecimiento, que ofrece seguridad, alta calidad de vida y vastos recursos naturales, pero con problemas de sostenibilidad, como el que representa la dispersión de  su población en cientos de comunidades pequeñas, en ocasiones muy pequeñas y remotas, lo que causa un impacto negativo en el nivel de marginación y el desarrollo humano del estado.

Yucatán era, y sigue siendo, un estado bilingüe; hasta hace unos lustros toda la población rural era mayahablante, casi monolingüe, lo que para la clase económicamente rectora establecía una para ellos obvia segregación; esta población maya era en un alto porcentaje analfabeta y estaba con ello destinada a la marginación; su enorme herencia cultural, sus conocimientos, sus habilidades, no tenían mayor valor que su aprovechamiento circunstancial; su manejo del campo y su herencia agrícola sólo se aplicaba en sus milpas y sus traspatios.

En ese entorno, la educación, que beneficiaba a una minoría esencialmente urbana, estaba ligada en su nivel profesional al contexto internacional, hecho que tuvo un impacto positivo, ya que la calidad de los profesionistas que regresaban, muchos convertidos en maestros, permitió la consolidación de una oferta de educación superior líder en la región sureste: los profesionistas de la península se formaban en Mérida. Con el tiempo, esto se ha ido ampliando y ha convertido a la educación superior y la investigación científica en una de las grandes vocaciones para el desarrollo del estado, lo cual es una de sus indudables fortalezas.

Un importante capítulo de la educación superior fue, y es, la medicina; el número y la calidad de los médicos ha permitido desarrollar y consolidar una infraestructura de salud líder en el sureste del país, incluido Belice, lo que se ha convertido en otra gran fortaleza de nuestro estado, no sólo de la ciudad de Mérida, reconocida como centro de salud del sureste mexicano; la derrama económica que representa la concurrencia de personas que acuden en busca de atención médica es un activo que debe consolidarse a través de esquemas de articulación productiva e inteligencia competitiva, procurando la consolidación de esta otra vocación.

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