24 de Septiembre de 2018

Opinión

Yucatán y su desarrollo

"Lo que más me impresionó fue no haber visto ni una hectárea cultivada; ustedes tienen mejores suelos que muchas regiones de España, tienen sol y tienen agua".

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Hace tres años estuvo de visita por nuestra tierra un viejo amigo de la familia, vitivinicultor en España, y fui guía suyo y de su familia durante una semana; e último día, después de recorrer una buena parte del Estado, visitando diferentes destinos de nuestra riqueza turística, le pregunté qué era lo que más le había impresionado: me dijo, Humberto, visitamos sitios muy hermosos, no sé cuantos cientos de kilómetros habremos recorrido, pero lo que más me impresionó fue no haber visto ni una hectárea cultivada; ustedes tienen mejores suelos que muchas regiones de España, tienen sol y tienen agua, por eso estoy realmente impresionado de no ver áreas de desarrollo agrícola; en muchos países esto sería un pecado.

Un desarrollo justo, así lo señala la filosofía del desarrollo sostenible, es aquel que tiene como eje u objetivo básico la utilización racional de los recursos naturales para satisfacer las necesidades de toda la población, sin afectar, y en lo posible mejorando, la calidad de vida actual y la de las futuras generaciones. Yucatán pareciera no entender sus vocaciones y oportunidades, con una sociedad que no se ha organizado para aprovechar de manera integral sus fortalezas.

Es incomprensible que teniendo “pared con pared” uno de los mayores mercados de nuestro país, los esfuerzos comerciales y productivos, acordes con nuestras capacidades, no estén enfocados a la satisfacción de este creciente mercado; en vez de tener esta oportunidad como eje vertebrador de nuestra planeación del desarrollo, gastamos nuestros escasos recursos en la exploración de otras oportunidades.

Enmarcados en la condición global actual, no podemos pensar en desarrollo si este proceso no va de la mano con la satisfacción de las auténticas y justas demandas de la población, en un marco de uso racional y sostenible de los recursos naturales, demandas que tienen componentes como la educación, la salud, la cultura y los derechos humanos.

Pero todos los recursos y vocaciones de nuestro estado de poco sirven si no tenemos un programa integrador, un verdadero programa de desarrollo del estado, concurrente, continuo y permanente, definido e impulsado por todos, sociedad y gobierno. Ese es el reto.

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