20 de Septiembre de 2018

Opinión

Yumbina, tinta china, películas

En Google se puede tener acceso a toda clase de gimnasias carnales, pero en los viejos tiempos ochenteros no era tan fácil.

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Esta era la línea argumental con la que se anunciaban los vendedores furtivos en Tepito, con su vocecita tipluda y susurrante, frente a la probable clientela ávida de emociones fuertes y rutas cortas al placer. Pero, curiosamente, fue la primera frase que se me vino a la mente al saber del sensible fallecimiento del maese Nagisa Oshima, cuya obra inquietante, El imperio de los sentidos, guió a una generación por los intrincados caminos del porno, alegando que se trataba de una obra de valor artístico y cultural. Digo, ahora en Google se puede tener acceso a toda clase de gimnasias carnales, pero en los viejos tiempos ochenteros no era tan fácil.

Como sea, esa frase de marras me la imagino en labios de Lance Armstrong, otrora héroe del ciclismo, quien, según se ha dicho, al fin aceptará en una entrevista con Oprah Winfrey que para ganar varias veces consecutivas el Tour de Francia, se dopó. Algo que por supuesto sorprende casi tanto como la petición de Jelipillo a Harvard de no dar clases para solo dedicarse a escribir un libro sobre ¡políticas públicas!

Así, mejor que se vaya al Conalep.

Ahora bien, tanto peca el que cuenta mentiras como el que decide creerlas. Por años, don Lance fue venerado a manera de semidiós capaz de cualquier hazaña, mientras generaba fortunas para sus patrocinadores. Hoy, caído de su pedestal, convertido en la versión ciclista del ex director de Pronósticos Deportivos, Jesús Villalobos López (inhabilitado nomás diez años por transar con los resultados de los sorteos, cuando bien lo podían haber mandado con la jauría de Iztapalapa por jugar con los sentimientos de los ludópatas), lo único que puede decir Armstrong es que su fundación logró grandes avances en la lucha contra el cáncer.

De todas maneras, el talentoso Mr. Lance no debería deprimirse y albergar esperanzas de que algún día regresará por sus fueros. Digo, si un montón de salinistas fueron revividos en altos cargos en el gobierno peñista (de hecho nomás faltan Córdoba Montoya y Mejía Barón, lo cual está bien, porque los priistas ya veían que el Gelboy solo abducía a puros de izquierda), en un futuro podremos ver al personaje pedaleando bicicletas ajenas otra vez.

Y sí, viendo que muchos van a ese confesionario con la Winfrey donde los grandes lavan su ropa sucia, a veces a cambio de una lana para compensar el oso y el pancho, podríamos hacer una coperacha para mandarle, en principio a los Moreira, al ritmo de yumbina, tinta china, películas.


www.twitter.com/jairocalixto

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