22 de Octubre de 2018

Tecnología

A 40 años del embrión de Internet

James Truchard, Jeff Kodosky y Bill Nowlin, quizás sin saber las dimensiones descomunales que adquiriría la innovación, probaban su creación en un garage.

En la actualidad cuentan con clientes de excelencia como el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales, más conocido como CERN. (20minutos.es)
En la actualidad cuentan con clientes de excelencia como el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales, más conocido como CERN. (20minutos.es)
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Agencias
MILÁN, Italia.- Tres científicos texanos creaban en 1976 la primera interfaz que permitió comunicar sus computadoras personales con instrumental de sus laboratorios, embrión del desarrollo posterior de la Internet, así nacía National Instruments.

James Truchard, Jeff Kodosky y Bill Nowlin, quizás sin saber aún las dimensiones descomunales que adquiriría la innovación, probaban su creación en un garage, mientras que en otro lugar similar, pero de California, aquel mismo año nacía la mítica Apple de la mano de Steve Jobs.

"Todos eran ingenieros en la Universidad de Texas y, por trabajo, debían afrontar a diario la exigencia de automatizar las medidas que hacían en el laboratorio", explica Matteo Bambini, actual responsable de marketing para Europa de los sistemas integrados National Instruments.

Tras el lanzamiento al mercado de la interfaz GPIB, en 1977, los tres texanos desarrollaron muchas otras tecnologías que marcaron etapas importantes en el mundo de la investigación informática, según publica el sitio web ansa.it.

Desde el software LabView, que en 1986 permitió por primera vez una programación gráfica y más intuitiva, hasta la primera herramienta de adquisición de datos destinada al mercado masivo, que en 1988 transformó a las computadoras mismas en terminales autónomas sin necesidad de ligarse a instrumentos de medición externos.

"Toda la historia de National Instruments evolucionó en simbiosis con el mundo de las computadoras personales desde sus albores con el objetivo de brindar instrumentos de vanguardia, que promovieran la innovación tanto en el área académica como en la industrial", agrega Bambini.

En la actualidad cuentan con clientes de excelencia como el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales, más conocido como CERN y con sede en Ginebra, Suiza, famoso en el mundo por el desarrollo del mayor acelerador de partículas del mundo, el Large Hadron Collider (Lhc), la "máquina de Dios".

También proveen a colosos de la telecomunicaciones como Nokia, a los expertos de la surcoreana Hyundai para sus exoesqueletos robotizados o a los bioingenieros de la Berlin Heart, creadores del primer corazón artificial para niños.

"El nuevo desafío para el futuro será transformar a la Internet de las cosas en una realidad concreta", aventura Bambini.

"La revolución afectará principalmente a los procesos productivos en las fábricas, que estarán cada vez más automatizados: el primer paso será encontrar una 'lengua' común con la que hacer hablar entre sí a las máquinas", concluyó.

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