El efecto Yorke

Thom Yorke, una de las principales figuras de la escena musical, anunció la semana pasada a través de su cuetna de Twitter, el retiro de su música como solista del servicio de streaming online Spotify debido a las bajas percepciones que reciben, alrededor de 10 dólares por 10 mil reproducciones.

 

Al líder de Radiohead le siguieron otras bandas, quienes se quejaron de este y otras empresas de streaming online que acusaron a estos servicios de injustos con los nuevos artistas.

Como cuenta el blog de ‘Dianuts’ en Tumblr, la vocalista de la banda The Foals, Yannis Philippakis, se quejó amargamente en su cuenta de Twitter de un artículo del periódico británico The Guardian en el que luego de las declaraciones de Yorke, aseguraban que los artístas ganan muy bien, sumando venta de discos, radio, películas, además de que por un concierto pueden llegar a ganar hasta 2 millones de libras.

Las quejas contra Spotify y The Guardian tuvieron consecuencias, ya que la cuenta de Twitter de su banda @foalsfoalsfoals fue hackeada minutos más tarde por un intruso que dejó la foto e información de Selena Gómez.

A pesar de que la cuenta fue recuperada horas más tarde, queda la sensación de que los nuevos artistas o aquellos que no son peces gordos, no pueden quejarse contra los medios de comunicación o la industria discográfica sin que haya repercusiones.

Spotify tiene en total 24 millones de usuarios activos mensualmente, de los cuales, más del 60% usan el servicio de manera gratuita y 6 millones pagan una cuota de 100 pesos mexicanos al mes por tener disponible el servicio en sus móviles, además de no tener anuncios ni banners publicitarios.

Además, este servicio asegura que desde su creación (en octubre de 2008), se ha pagado en regalías más de 500 millones de dólares, lo cual indica que tiene un modelo de negocio bastante redituable.

Desafortunadamente y sin temor a equivocarme, esa millonada que se le paga a los artistas lo reciben sólo quienes encabezan las listas del Billboard o aquellos que se encuentran arropados por una gran disquera la cual logró un gran convenio y no un artista que tiene que tocar en bares o modestos conciertos para poder sobrevivir o bien, grabar su próximo disco.

Esta es la otra cara de la moneda de un servicio online que lejos de fomentar una libre competencia entre aquellos que luchan por darse a conocer y la codiciosa industria musical, esa que pegó el grito con Napster y que culpa a Internet de las bajas ventas de sus cantantes de plástico mediocres con producciones de bits repetitivos y vacíos.

La misma que realizó en su momento demandas millonarias contra Youtube por los derechos de autor de los videos ‘colgados’ en esta red social y que hoy día la usan para dar a conocer antes que ningún canal de TV abierta o de paga los videos de sus artistas.

Esa que seguramente pagó la inserción de un artículo en The Guardian como respuesta a Yorke y para acallar a todos aquellos artistas independientes quienes aseguran no ganar mucho por su música, y que seguramente fue quien hackeo a The Foals.

Christian Coquet

Diseñador gráfico por profesión y Geek por convicción. Integrante de la familia SIPSE desde 2002. Blogeo desde 2006 artículos de tecnología, diseño, video y fotografía. Busca todos los lunes mi columna Té de Tecno en las páginas de Milenio Novedades.

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