28 de Julio de 2017

Opinión

Psss, don Williams

El rector José de Jesús Williams y su grupo de asesores se niegan a soltar unos pesillos de más, mientras que los miembros de la Autamuady no quieren menos del 10 por ciento de incremento salarial.

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Se acercan las dos semanas de huelga en la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) y, hasta el momento, no hay visos de solución inmediata.

Las partes están totalmente enfrentadas. El rector José de Jesús Williams y su grupo de asesores se niegan a soltar unos pesillos de más, mientras que los miembros de la Asociación Unica de Trabajadores Administrativos y Manuales de la Universidad Autónoma de Yucatán (Autamuady) no quieren menos del 10 por ciento de incremento salarial o, de perdido, un arreglo contractual que satisfaga, si no del todo, aunque sea una parte de las exigencias económicas.

Apenas el lunes pasado, un buen lote de personas -algunos afirman que más de 2 mil; otros, menos de mil- entre estudiantes, líderes de variados sindicatos estatales y “los colados” que nunca faltan, marcharon desde el Remate de Montejo hasta, en su primera parada, el edificio central de la Uady, y después acabaron en Palacio de Gobierno. 

Las demandas de los marchistas fueron básicas: diálogo y más diálogo. Exigieron a don Pepe Williams que tenga mayor apertura y sensibilidad ante las demandas de los trabajadores administrativos y manuales. Y muchos se preguntarán, ¿los huelguistas no estarán de radicales y sólo quieren que sus chicharrones truenen?

No necesariamente. Los empleados tienen razón en muchos puntos, pero uno de ellos es descomunal y se refiere a los sueldos tan brutalmente disparejos que salen de la tesorería de la llamada presunta máxima casa de estudios (pública, amigos y amigas) de la entidad.

Por ejemplo, el rector Williams, de entrada, se echará un salarito superior al del propio gobernador Rolando Zapata Bello y de numerosos influyentes secretarios del gabinete estatal. Clávense en la textura, compas: el dizque mandamás de la Uady ganará al mes más de 116 mil varitos, mientras que un chambeador del área de mantenimiento, apenas 3 mil “chuchulucos” cada 30 días.

Por supuesto, el salario del rector está diseñado, supuestamente, para su categoría y escala profesional. No así para el humilde limpiador de baños de cualquier facultad o escuela de la Uady. Tampoco se trata de que el chambeador, apenas con estudios básicos, se lleve la mejor tajada del pastel, pero también es humillante que obtenga una “cacatúa” salarial.

PRIMERA CAIDA.- Mientras sigan las posturas encontradas, el tiempo avanza y parece ser que las autoridades universitarias apuestan al cansancio de los sindicalizados o a los recursos legaloides para romper la paralización de actividades. Los afectados pretenden crecerse al castigo y aunque hambrientos, friolentos y hartos, están dispuestos a soportar las desventuras para doblegar la indiferencia de los burócratas devenidos en “altos jefes”.

SEGUNDA CAIDA.- Urge la intervención de cámaras empresariales, de funcionarios gubernamentales y hasta de sacerdotes mayas para acabar con esta huelga.

TERCERA CAIDA.- Don Williams, una sola sugerencia: bote a sus asesores laborales y jurídicos, y hágale caso a su propia capacidad de razonamiento.

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