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Estados Unidos no sería nada si no fuera por los inmigrantes

El genio de los fundadores de la nación fue reconocer que la inmigración no era inherentemente peligrosa.

Hoy comparto con ustedes la segunda parte de un artículo sensacional escrito por Noah Smith quién es columnista de Bloomberg View: Fue la inmigración masiva lo que le dio a Estados Unidos el poder de ganarlas dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría y alcanzar el tamaño de mercado que lo convirtió en la potencia manufacturera dominante de fines del siglo XIX y el siglo XX.

El genio de los fundadores de la nación fue reconocer que la inmigración no era inherentemente peligrosa.

El informe de la Academia Nacional de Ciencias revela que entre 30% y 50% de los hispanos y asiáticos nacidos en Estados Unidos tienden a casarse con alguien externo a su grupo étnico. Aunque la cifra es algo menor que en el caso de grupos anteriores de inmigrantes –los judíos no ortodoxos, por ejemplo, se casan con miembros de otras comunidades a una tasa de 71%–, significa de todos modos una tasa de deserción de la mitad a tres cuartos cada dos generaciones.

En la actualidad, los casamientos entre blancos, asiáticos e hispanos están haciendo que las líneas étnicas se esfumen y la integración se acelere.

Los matrimonios mixtos están incluso quebrando las barreras entre musulmanes y estadounidenses de otras religiones. Un estudio del Pew de 2015 comprobó que 79% de los musulmanes estadounidenses se casan con personas de su misma fe.

Eso significa una tasa de deserción de cerca de la mitad cada tres generaciones, más lenta que en el caso de los asiáticos e hispanos, pero aun así razonablemente rápida. Y esta tasa de matrimonios mixtos probablemente se acelere con el tiempo, como ocurrió entre judíos, mormones y otras minorías religiosas. 

Económicamente, también, los recién llegados andan bien. Para la tercera generación, buena parte de la brecha de ingresos entre inmigrantes y estadounidenses nativos desaparece. La brecha entre blancos e hispánicos nunca se cierra por completo, probablemente porque los inmigrantes hispanos suelen tener menor educación formal y niveles de habilidad más bajos, y porque los hispanos más ricos tienden a casarse con integrantes de otras comunidades a más altas tasas.

 En general, no hay motivos para temer que las recientes oleadas de inmigrantes se conviertan en una clase permanentemente marginada. Por lo tanto, las noticias sobre integración son buenas. Los temores de la derecha son infundados. Pero eso no significa que no debamos permanecer vigilantes.

 La integración se da en forma natural, pero un país puede levantar barreras que la vuelvan significativamente más lenta. Estados Unidos debe evitar esos obstáculos a cualquier costo.

 El primer y más obvio impedimento para la integración es la xenofobia. Si el gobierno de Trump logra potenciar la hostilidad hacia los inmigrantes hispanos, asiáticos y musulmanes, estos pueden sentir que no tienen otra opción que replegarse a enclaves étnicos.

El temor a los inmigrantes se volvería entonces una profecía autocumplida. El país, debe, por lo tanto, mantener una actitud acogedora e inclusiva. Otra manera de alentar una integración rápida es modificar la mezcla inmigratoria acentuando la capacitación.

Aunque todos los inmigrantes se integran, aquellos que tienen una educación formal y habilidades mayores suelen hacerlo más rápido. Afortunadamente, la inmigración a Estados Unidos ha avanzado con rapidez hacia una población con mayor educación formal, probablemente como resultado del fin de la inmigración ilegal.

El gobierno de Trump debe cuidarse de no ahogar esta tendencia positiva asustando a los inmigrantes altamente calificados de modo que no procuren entrar al país o restringiendo su entrada. Un cambio hacia un sistema inmigratorio al estilo canadiense, basado en el mérito, que Trump ha prometido, pero aún no ha concretado, sería una ventaja.

Si Estados Unidos logra aplacar su más reciente oleada de ansiedad, el futuro se perfila brillante. Una vez más, los inmigrantes cumplirán el sueño de George Washington y el país seguirá siendo “un único pueblo” –mayor, más fuerte y más dinámico que antes–. El gran experimento estadounidense todavía funciona. Los líderes del país sólo deben dar un paso atrás y dejarlo actuar.

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