Cancún

War Dogs, la historia es real... pero la película se ve falsa

Phillips usa un estilo narrativo muy inspirado por “El lobo de Wall Street”, de Martin Scorsese.

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Dejando de lado la inmoralidad de un gobierno corrupto y dos jóvenes drogadictos traficando armas, la película es divertida y amena. (Contexto/Internet)

Dejando de lado la inmoralidad de un gobierno corrupto y dos jóvenes drogadictos traficando armas, la película es divertida y amena. (Contexto/Internet)

Por Rafael R. Deustúa

No es difícil imaginar a un par de jóvenes drogadictos vendiendo un arma, pero sí vendiendo miles de armas de todo tipo y más si su cliente es el gobierno de Estados Unidos de América. Para colmo, como suele ocurrir con las ideas más surrealistas, la historia es real... pero la película se ve falsa.

David es un masajista de veintipocos años que trata de salir adelante sin éxito hasta que se reencuentra con mejor amigo de la preparatoria, Efraim, quién lo invita a hacerse rico traficando armas. No es un negocio ilegal, sólo aprovecharán los contratos que el departamento de defensa saca a subasta. Tienen éxito y van subiendo, pero con ello también aumentan los peligros.

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La historia real de David y Efraín la contó el periodista Guy Lawson en un artículo de la revista “Rolling Stone” en 2011, titulada “The stoner arms dealers (“Los traficantes de armas mariguanos”) y era cosa de tiempo que se convirtiera en una película. La tomó Todd Phillips y el equipo de “¿Que pasó ayer?” -incluído Bradley Cooper como productor-, lo cual era prometedor hasta que al parecer la realidad les pareció demasiado irreverente y la cambiaron.

Los traficantes reales, según el artículo, hicieron los que haría cualquier chico de 21 años que viva en Miami y esté ganando millones de dólares, darse una vida de excesos sin pensar en las consecuencias. Eso también lo vemos en la película, con la diferencia de que añaden al personaje de David (Miles Teller) una novia embarazada, tratando de darle una profundidad y perspectiva al personaje, pero no termina de convencer ante el tremendo circo que Efraim (Jonah Hill) monta el solo.

Phillips usa un estilo narrativo muy inspirado por “El lobo de Wall Street”, de Martin Scorsese, que co-estelariza Hill. Scorsese contó esa historia acerca de las estafas de un corredor de bolsa sin moralizar mayor cosa y dejando un juicio ambigüo sobre su anti-héroe, Phillips no se arriesgó a hacer lo mismo con su narración y moralizó, sin convencer.

En parte es la gran actuación de Hill la que provoca la disparidad en la película, pues ser come vivo a Teller y lo opaca en sus intentos de presentar un personaje sensible, con remordimientos. Al director le tocaba equilibrar eso.

Dejando de lado la inmoralidad de un gobierno corrupto y dos jóvenes drogadictos traficando armas, la película es divertida y amena, vale la pena verse, aunque no necesariamente en pantalla grande.

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