18 de Octubre de 2018

Yucatán

Acerca del Carnaval de Mérida

El autor comparte interesantes comentarios generados por su artículo “El controversial Carnaval de Mérida”.

'Mérida necesita recuperar su esplendoroso Carnaval de antaño, en vez de esta enorme cantina-mercado que actualmente tenemos'. (SIPSE)
'Mérida necesita recuperar su esplendoroso Carnaval de antaño, en vez de esta enorme cantina-mercado que actualmente tenemos'. (SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- A raíz del artículo de la semana pasada denominado “El controversial Carnaval de Mérida”, muchos comentarios se generaron en torno a algunas propuestas que planteaba y creo justo compartirlos, pues estas expresiones son una pequeña muestra del sentir de la población.

Carlos Armando Mendoza narra que durante el período Porfiriano, el Carnaval representó la expresión más refinada de diversión y esparcimiento de los meridanos.

En aquellos tiempos, el antiguo y descolorido carnaval se convirtió en una algarabía de colores y sano esparcimiento; una fiesta de alegría de todos y para todos, incluyendo la élite, que en los desfiles y bailes estaba representada por destacadas escuelas de danza como el Liceo.

Una de las novedades del Carnaval Porfiriano fue la “Batalla de Flores” y la fama de las celebraciones carnavalescas de Mérida alcanzó su plenitud alrededor del año 1903, ya que por esas fechas podían observarse elegantes carrozas, coloridos disfraces y grandes bailes que, conjuntados con el ambiente festivo, contribuyeron a que el engrandecimiento de la fiesta del carnaval fuera comparado con otros famosos del mundo.

Monstruosa cantina

Pero hoy esto podría parecernos una historia recreada por la ágil pluma de algún brillante escritor, pues como bien cita Germán Castañeda, “los carnavales de ahora, lejos de promover valores de esparcimiento familiar, transforman la apacible ciudad en una monstruosa cantina, y los desganados bailarines ya no bailan”.

Como dice Juan Limonta: “Sólo caminan sitibundos promoviendo marcas comerciales, deseando concluir el agotador trayecto para empujarse un par de espumosas caguamas”.

En el caso de los camiones, su decoración es pésima y el audio es espantoso y los personajes, ya ni citarlos, pues ya ni siquiera portan disfraz.

Observaba el sábado por la TV que algunos “espectáculos” que se presentan en las tarimas dan hasta pena ajena, e incluso algunas universidades, de manera irresponsable, exponen a que sus alumnos hagan el ridículo moviendo el estriado tarro y las celulíticas lonjas de manera arrítmica y con un estado anímico que deprime al espectador.

Carlos Contreras acertadamente nos comentó que el Carnaval no ha crecido pero sí lo ha hecho la población, y esto hace que la fiesta sea imposible de disfrutar, pues ir con la familia resulta un caos, sobre todo cuando tienes hijos pequeños, y si a esto le agregamos lo que nos comenta Mireya Gómez “que las mafias que organizan algunos tipos disfrazados de ‘viene-viene’ y otros que acaparan sillas y las revenden, contribuyen que resulte una hazaña librártela bien”.

 

Entonces, tal y como nos comenta Felipe Escalante: “Finalmente, ¿de quién es el Carnaval? Porque más bien parece que la gente que acude lo hace porque va a observar publicidad y hacer negocio, y todo nos indica que ha perdido su identidad”.

Orlando Cámara nos comenta que lo verdaderamente importante, más que la ubicación, el problema es de orden y criterio, pues la carencia de ambos ha hecho que el Carnaval se convierta en un desordenado tianguis de venta de cerveza, comida y cachivaches. "Entonces, si de eso se trata, hay cambiar el actual derrotero, pero si buscamos un ambiente familiar digno, dejémoslo donde está”.

¿Dividir el pastel?

Finalmente, en caso de decidir trasladarlo, Jorge Seijo sugiere estudiar y planear hacer una prueba -tal vez no como algo definitivo- en Xmatkuil, ya que podría transformarse en una especie de Sambódromo muy bien montado, con espectáculos de calidad y con comparsas meritorias, e incluso se podrían incluir autobuses gratuitos que partan de sitios relativamente céntricos como La Plancha, para que también los niños y adultos humildes pueda divertirse sanamente.

Es una excelente idea, pero a mi juicio difícilmente se consolidará, pues no es por ser mal pensado, pero creo que ni este, ni otro Ayuntamiento dividirá el pastel con el Gobierno del estado y allá residirá la habilidad del Alcalde en turno en ubicar una buena plaza en caso de desear cambiarlo de sitio. Y como ejemplo podemos citar la Avenida 128 que es amplia y extensa, aunado a que no desquiciará la ciudad en esos días.

Ya para concluir, creo que la administración de Renán Barrera Concha tiene la enorme responsabilidad de tomar objetivas decisiones para el siguiente Carnaval, ya sea que se quede en su sitio o se traslade, pues Mérida necesita recuperar su esplendoroso Carnaval de antaño en sustitución de esta enorme cantina-mercado que actualmente tenemos.

Los meridanos merecemos más y ojalá Renán no sólo sea un hombre de buena fe, sino sea un personaje visionario y soñador que se asesore de personas versadas en el tema y no de simples vividores que abundan en la escena política. ¡Por las trusas de los borrachos de Corso!

Mi correo es: [email protected].
 

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