18 de Septiembre de 2018

Opinión

Alimentación maya

La alimentación de los mayas yucatecos del siglo XIX y antes se describe como de alto consumo de proteínas, fibra, vitaminas y minerales...

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El acto más básico de cualquier ser vivo es el de la alimentación, sin él no tendríamos energía para realizar ningún otro. Es precisamente por esta razón que se debe considerar que la ingesta de alimentos no se limita a la actividad meramente biológica y nutricional, sino que incorpora imperantemente elementos sociales, psicológicos, económicos, simbólicos y religiosos; siendo las particularidades de estos elementos las que erigirán la construcción simbólica de la cultura alimentaria, transformando la actividad de “comer” en un fenómeno social y cultural.

La alimentación de los mayas yucatecos del siglo XIX y antes se describe como de alto consumo de proteínas, fibra, vitaminas y minerales; sin embargo, en el vórtice globalizador en el que entró el mundo en el siglo XX y que se agudizó en el siglo XXI, la dieta rural basada en maíz, frijol y calabaza, entre otros, se ha transformado en una dieta más variada y comercial, con alto contenido de grasas saturadas y azúcares simples, acarreando con ello enfermedades crónico-degenerativas derivadas de su abuso, lo que da lugar a la transición epidemiológica y nutricional.

Lo anterior es la razón por la cual en las comunidades mayas comenzamos a observar de manera progresiva el síndrome de mala nutrición, en donde convergen la deficiencia de nutrimentos indispensables para el crecimiento y mantenimiento de una vida saludable, como hierro, zinc, vitamina A, calcio, ácido fólico y vitamina D, así como la desnutrición proteica y el aumento de peso por el consumo de grasas saturadas trans, hormonas, conservadores, colorantes, entre otros.

La zona rural de la Península de Yucatán presenta de manera más aguda lo que vemos en el resto del país, la malnutrición desde sus dos caras: desnutrición y exceso de peso. Las personas de las zonas rurales están desnutridas porque no tienen suficientes recursos para alimentarse o viven con obesidad porque se alimentan mal, produciendo que crezcan los niveles de hipertensión arterial, diabetes tipo 2 y complicaciones cardíacas.

Además, la política económica actual ha dejado desprotegida la producción de subsistencia para poner en manos del mercado la tarea de regular el acceso a los alimentos de alto valor biológico, permitiendo que los de baja calidad nutricional se incorporen a la dieta de los indígenas del país.

Esto permite el enriquecimiento desmedido de la industria alimentaria transnacional que influye fuertemente en las decisiones gubernamentales y deja a un lado la salud de la población mexicana.
Debemos volver a mirar la dieta original de los mayas, que es más saludable que la que se obtiene actualmente, a pesar de la insistencia por parte de un sector político y empresarial que ha sugerido que la primera es la verdadera causante de la obesidad.

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