23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Monjas: reto para candidatos (as) a la alcaldía de Mérida

El templo de Nuestra Señora de la Consolación necesita con urgencia intervención, pero ninguna autoridad levanta la mano.

Interior del templo de Nuestra Señora de la Consolación, mejor conocido como iglesia de Monjas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
Interior del templo de Nuestra Señora de la Consolación, mejor conocido como iglesia de Monjas. (Sergio Grosjean/SIPSE)
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Sergio Grosjean/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Un día como el domingo 29 de marzo, sólo que del año 1610, se colocó la primera piedra del templo que hoy conocemos los meridanos como “Iglesia de Monjas”, y este hecho conmemorativo se desarrolló en la parte del coro, bajo la lupa del Mariscal Carlos Luna y Arellano en calidad de Gobernador.

Luego de muchos años de trabajo, el Santísimo Sacramento se efectuó el 9 de junio de 1633, quedando como titular “Nuestra Señora de Consolación”.

Hoy, a pesar de los esmerados esfuerzos del sacerdote responsable del templo, que acompañado de un reducido número de parroquianos trata de impedir a toda costa que el edificio se colapse sin que ninguno de los tres niveles de Gobierno se conmueva y mueva un ápice de dedo para apuntalar uno de los monumentos más importantes que tenemos en el estado, e incluso me atrevería a decir que del país: qué vergüenza.

Esta situación me hace viajar por el tiempo y resonar algo que muchos parroquianos me han recordado, ya que en el período de la entonces gobernadora Ivonne Ortega Pacheco se colgó una manta en la calle con una leyenda que puntualizaba que se invirtieron varios millones de pesos en la edificación, pero el estado ruinoso en el que se encuentra el sobrio inmueble nos hace vislumbrar completamente otro panorama. Pero el abrir los ojos y percatarme del delicado estado de este ícono arquitectónico, me hace viajar más atrás por el tiempo y recordar una frase que alguna vez me dijo un hombre a quien mucho admiré: “Mientras los europeos nos la ingeniamos para construir un muelle, ustedes los mexicanos se las ingenian cómo destruirlo”. Y no puedo encontrar mejor ejemplo para ello y da coraje tener que aceptarlo.

Candidatos (as) a la alcaldía -porque para la diputación ya ni perder el tiempo, pues según demuestran los que dejan el hueso casi todos sirven para dos cosas...-, estamos en épocas de promesas y veremos quién es él (o la) valiente que se atreve a prestarle atención a este monumento que ha sido mudo testigo del crecimiento de Mérida desde el siglo XVII, y que también ha sido un imponente escenario que ha dado pie a leyendas, dramas e historias susurradas al viento.

Quiero decirles que a pesar de esta inacción, el templo del Convento de Nuestra Señora de la Consolación sigue enseñoreando el panorama del centro de esta capital, y mientras que el tiempo hace su trabajo ante el letargo de los gobernantes, sus paredes mantienen aún los secretos de las vidas que transcurrieron desde tiempos de la Colonia esperando ser rescatadas.

Como dato cultural, luego de la primera misa celebrada en el emblemático templo, con el paso del tiempo se realizaron otras ampliaciones, como por ejemplo, entre 1645 y 1648, el gobernador Azcárraga fabricó el mirador que se encuentra sobre el ábside de la iglesia, el cual le da al conjunto una apariencia medieval al edificio que lo hace único en su género en la República.

Su acceso era por medio de una escalera de madera en forma de caracol de donde el cual “las religiosas podían recrearse con la amena vista de las verdes campiñas que circundaban Mérida sin sacrificar la virginal protección del claustro”.

Ese elemento arquitectónico, tal vez de manera novelada, inspiró a algunas personas a pensar que las monjas lo utilizaban en ocasiones para distinguir el arribo de las tropas enemigas y las madres, a su vez, informaban de esos movimientos a las esposas de los militares.

A mediados del siglo XVIII, el obispo de Yucatán, Ignacio de Padilla y Estrada (1753-1760), amplió el claustro del convento, concluyó una enfermería y el locutorio, y en la iglesia levantó los altares retablos dedicados a San José, a San Juan y a Nuestra Señora de la Luz.

Hoy, el templo de Monjas, a pesar de ser un tembloroso centinela y que su mirador fue punto de referencia durante incontables generaciones de meridanos, su figura recortada contra el horizonte evoca y esconde historias de amor y de tragedia que fueron trascendiendo entre la realidad y la fantasía, es un argumento que hábilmente sinnúmero de generaciones de guías de turistas han reciclado para contarle a nuestros visitantes los pocos pasajes documentados que se conocen de la historia de este icono arquitectónico meridano, que respetuosos e inmersos en una bruma de leyenda también escuchan la narración sobre pasadizos subterráneos, de monjas enclaustradas o cuentos recreados gracias a la ágil pluma de novelistas del siglo XIX.

Finalmente, esto lo escribo nuevamente para que luego no digan que no lo sabían, ya que hasta con el título es evidente una urgente intervención esperando que no sea la intervención divina. Mi correo es [email protected] y twitter: @sergiogrosjean

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