22 de Septiembre de 2018

Opinión

Y se vino el caos

Hace 15 días se registró el sismo de 7.1 grados que sacudió de manera trágica a miles de habitantes de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México y Oaxaca.

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Hace 15 días se registró el sismo de 7.1 grados que sacudió de manera trágica a miles de habitantes de la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México y Oaxaca, aunque los estragos se concentraron en los dos primeros estados (bueno, el ex Distrito Federal también es considerada una entidad, sin capital) y todavía queda mucho camino por recorrer, sin duda, años para que las cosas se pongan más o menos en orden porque, la neta, nada volverá a ser igual. Al igual que sucedió en 1985, más “pior”, pero surgió la cultura de la prevención.
Empezó la reconstrucción de cientos o miles de viviendas dañadas. Y como siempre, empezó a reinar la anarquía, no sólo en las redes sociales, sino en acciones concretas.

Por ejemplo, en la Delegación Xochimilco, de la mera capirucha, los pobladores se quejan de que están abandonados y que las autoridades dan mayor prioridad a determinados sectores que son integrados por colonias de renombre, digamos la Condesa, Roma, Del Valle y demás, dizque porque allí hay gente adinerada y hasta famosa que también sufrió daños en sus chozas o departamentos de lujo.

En Morelos, los afectados denuncian rapiña de la ayuda que proviene de otras entidades del país de parte de la pareja gubernamental conformada por el mandatario perredista Graco Ramírez y su esposa Elena Cepeda, quien desvió camiones cargados con despensas, cobijas, agua y artículos de vital importancia para otros fines muy distantes de los de apoyar a los damnificados.

Y cuando todo parecía encaminarse medianamente a los trabajos reconstructivos, el domingo por la noche-madrugada, un sujeto de lo más loco posible abrió fuego desde la ventana de su lujoso cuarto del no menos ostentoso hotel Mandalay Bay, de Las Vegas, Nevada, en tierra yanqui, con saldo de por lo menos 59 muertos (más los que se acumulen) y arriba de 500 heridos, por lo menos 50 de ellos, graves. El autor de la masacre, Stephen Paddock, un jubilado millonario. Increíble.

PRIMERA CAIDA.- Todas las autoridades dicen tener las soluciones a corto, mediano y largo plazo. En la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno, clasificó a los damnificados en varios colores. Que si el verde, el amarillo, el naranja, el rojo, como un plan para reconstruir casas y departamentos, “según sea el sapo será la pedrada”. Que también se les dotará a los fregados de monederos electrónicos para comprar materiales y que ellos mismos chambeen sus cantonas.

SEGUNDA CAIDA.- El tiroteo es el más grave de los recientes 50 años en los Estados Unidos y Donald Trump apenas si reaccionó con frialdad. Le vale mother.

TERCERA CAIDA.- Y ahora qué sucederá en el mundo. Ayer fue en México una catástrofe natural; ahora, en Estados Unidos, una matanza colectiva.

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