17 de Noviembre de 2018

Opinión

Un lunar en la ciudad

La imagen circuló a mediados de semana: los gobernadores de Yucatán y Guerrero caminando por el icónico Paseo Montejo para ponderar la tranquilidad provinciana de nuestra blanca Mérida.

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La imagen circuló a mediados de semana: los gobernadores de Yucatán y Guerrero caminando por el icónico Paseo Montejo para ponderar la tranquilidad provinciana de nuestra blanca Mérida. Héctor Astudillo, mandatario guerrerense, constató por qué la entidad es una de las más seguras del país.

Ese mismo día se anunció que el país espera un récord de visitantes extranjeros a través de cruceros que arriban a puertos mexicanos, entre ellos Progreso, que se prevé cierre con 400 mil provenientes del Caribe. Un día antes, el Observatorio Nacional de Mejora Regulatoria en México distinguió al Ayuntamiento de Mérida como el que obtuvo el primer lugar a nivel nacional en facilidad para hacer negocios y mejora regulatoria.

Y la semana pasada, activistas del The Climate Reality Project destacaron que Yucatán es un caso de éxito y ejemplo para toda América Latina por sus políticas sobre el cambio climático a través del uso de energías limpias y la protección de los recursos renovables.

Esos eventos, como otros que se han registrado en los últimos años, hablan de que los gobiernos estatal y municipal están haciendo su tarea, reconocimiento que incluso viene desde otros niveles, tanto nacional como internacional, lo que ha posicionado a Yucatán como una tierra “prometida” tanto para la instalación de grandes firmas que se traduce en empleos, como para el turismo que significa derrama económica.

Pero, como dicen, no hay felicidad completa, pues mientras las cabezas de gobierno cumplen, no se puede decir lo mismo de algunos de sus subordinados. Es el caso de la capital yucateca, que tiene un lunar que la afea: el transporte urbano. Mientras se hacen esfuerzos por atraer visitantes y darle un nuevo rostro al Centro Histórico, a diario circulan cientos de unidades literalmente “chatarra” que contrastan con el entorno.

La incapacidad de la Dirección de Transporte para ordenar, regular y vigilar el correcto funcionamiento del transporte urbano ha quedado de manifiesto desde hace años, por miles de usuarios que sufren las deficiencias de autobuses y combis y los malos tratos de conductores. Así, Yucatán tiene en Mérida una ciudad que atrae a inversionistas y extranjeros que disfrutan de sus bellezas naturales y cultura en un ambiente de paz y tranquilidad, digamos, una ciudad de primera, pero con un transporte de tercera. Eliminar ese lunar es tarea pendiente.

Anexo “1”

“Se acata pero no se cumple”

Según el artículo 3 de la Ley de Transporte del Estado de Yucatán, “el servicio de transporte, tanto público como particular que se preste en el Estado, garantizará la satisfacción de las necesidades de traslado de personas y de bienes en las condiciones económicas y sociales más convenientes, bajo las premisas de generalidad, regularidad, seguridad y eficiencia”. Y el artículo 15 dice que corresponde al Director: “Vigilar el cumplimiento de las disposiciones de esta Ley y su reglamento y aplicar las sanciones por infracciones a las mismas”.

Todo bien en el ordenamiento, que no se cumple.

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