20 de Octubre de 2018

Opinión

Emociones, claves para el aprendizaje

En el ejercicio cotidiano de la docencia es común observar múltiples conflictos entre maestros y alumnos, que afectan en gran medida el trabajo en el aula..

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En el ejercicio cotidiano de la docencia es común observar múltiples conflictos entre maestros y alumnos, que afectan en gran medida el trabajo en el aula. De ahí que el manejo y control de las emociones condicionen de manera directa el proceso de enseñanza, puesto que es necesario mantener una conducta motivada en los estudiantes para garantizar los aprendizajes de calidad.

Siendo la educación un proceso interpersonal, se encuentra permeada de emociones de los alumnos y del propio maestro, provocando reacciones positivas o negativas según la situación del aprendizaje. Un maestro malhumorado o un estudiante con problemas familiares suelen detonar situaciones de desastre que afectan a todo el grupo.

En ese sentido, es muy importante que tanto el docente como los alumnos sepan diferenciar y reconocer sus estados afectivos o emocionales para tener un mejor control de ellos en el momento de interactuar en el aula. En este sentido, también a las emociones se les consideran reacciones que surgen súbita y bruscamente ante un estímulo, ya sean afectivas o en forma de crisis como la cólera, la angustia, el miedo, la alegría y otras.

Es importante que en los procesos de enseñanza-aprendizaje los docentes presten mucha atención a los estados emocionales que surgen y se manifiestan durante el trabajo en el aula, puesto que la responsabilidad recae sobre ellos, como actores fundamentales que enseñan una disciplina; si las emociones que se viven son placenteras, los estudiantes desarrollarán interés hacia la asignatura, pero, si no, desarrollarán sentimientos de rechazo.

Motivar al alumno hacia emociones positivas genera el desarrollo de habilidades y destrezas para el aprendizaje, así como actitudes y valores para la sana convivencia, la tolerancia y la comprensión mutua como amalgama de una formación integral del educando.

La escuela no lo es todo en la formación del alumno, si bien el maestro puede dejar una marca imborrable en toda su vida, enseñándole en un ambiente emotivo, afectivo, armónico y creativo, los padres también deben cumplir con esa inherente función: educarlo desde una esfera de amor y mucho diálogo. En esta perspectiva, el manejo correcto de las emociones disminuiría significativamente los casos de bullying, rezago y deserción escolar.

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