22 de Octubre de 2018

Opinión

Fortaleciendo al “yo”

El poder de la pluma

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Una persona no hará NADA si espera a poder hacerlo tan bien que nadie pueda encontrarle el menor error.- Anónimo

Se dice que no decidir es también una decisión. Es verdad, y puede ser un grave error. Muchas personas creen que posponer sus decisiones les hace la vida más fácil. Así, pasan los años y al llegar a una edad avanzada lamentan no haber mejorado sus habilidades, aprovechado oportunidades y no haber construido una vida mejor para sí mismos y/o para su familia. Se preguntan qué falló, sin darse cuenta de que es el resultado de su falta de decisión.

Hay que vencer los temores que nos llevan a postergar y es mejor convencerse de que las falsas creencias, como “Diosito lo decidirá” o “el tiempo lo arreglará”, son pretextos para no actuar. Es ciertísimo el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”, es decir, lo que te toca hacer NADIE lo hará por ti. Hay dos preguntas que ayudan, al responderlas honestamente, a vencer los temores que nos llevan a postergar. La primera es: ¿qué temo? sólo identificar el miedo –ponerle nombre- le quita el poder que tiene sobre nosotros. La segunda es: ¿qué podría suceder si el peor de mis temores se hace realidad?, ¿qué sucede si cometo un error, pareciendo un estú[email protected]?... Sabemos que es un sentimiento desagradable pero no nos matará.

Lo peor que puede suceder no es ni la mitad de lo mal que uno se siente por estar postergando. La realidad es que identificando el temor y encarándolo, si pensamos y decidimos que lo superaremos, comenzaremos a actuar, haciendo lo que hemos estado postergando. Llevaremos las riendas de nuestra vida. Si hay algo cierto, es la incertidumbre. Por eso, “no debemos permitir que nuestros temores nos impidan perseguir nuestras esperanzas” (John F. Kennedy).

Irónicamente otra razón por la que las personas postergamos hacer las cosas es porque ¡deseamos hacerlo todo! Y hacerlo todo a la vez, lo que es IMPOSIBLE. Este tipo de personas son enérgicas y ambiciosas. A veces, porque les gusta vivir a toda velocidad; otras por recuperarse de una mala racha se autoimponen el trabajo de dos o tres personas, pero la presión y su acelere no terminan, ya que en casa tienen también miles de cosas por hacer… no tienen tiempo para su descanso, ni para la familia, ni para sus amigos, ni para ejercitarse físicamente… en una palabra: no tienen tiempo para ¡vivir!

Recordemos que, querramos o no, sí habrá tiempo para morir.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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