12 de Diciembre de 2017

Opinión

La Rana René mata mis sueños

A veces me dan ganas de pedir que los políticos admitan su metida de pata, luego...

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A uno le llegan a veces sueños guajiros: por ejemplo, que los políticos tuvieran aunque sea un cuarto de intención de cumplir cinco por ciento de las promesas que nos hacen cuando vienen por nuestro voto y nos ofrecen cambiar el mundo. Pero luego, como a La Rana René, viene un trancazo de realidad y me los quita.

Tomemos por caso el de las lámparas y el fallo de la Corte. Cuando la alcaldesa Angélica Araujo anunció que pretendía una sustitución total de las 82 mil que alumbraban a Mérida –no eran la octava maravilla, pero más o menos funcionaban- hubo quien advirtió que el asunto no era para tanto y que se podía hacer un plan de reemplazo paulatino. No había ninguna urgencia. Eso, sin embargo, no le pareció adecuado a la autoridad municipal que contrató un plan con la empresa ABC & Leasing a un costo de 200 millones de pesos.

Vino de nuevo un panista, Renán Barrera, a quien no le gustó lo que hizo su antecesora priista y, ¡zas!, a quitar todo –aduciendo un inexistente estado de emergencia (política)- sin cumplir las mínimas formas legales para deshacer un contrato legal y debidamente autorizado por el Cabildo. Varias voces le dijeron que se estaba metiendo en camisa de 11 varas, pero a él le valió gorro. Sus asesores le lavaron el coco.

El resultado de ese empecinamiento no fue un mejor alumbrado público –hay muchas zonas donde un día funciona y 30 no-, sino una carga financiera que ronda los $500 millones y le cayó en las manos a su sucesor –y hoy rival político- Mauricio Vila y que vamos a pagar todos los meridanos.

Por eso encabrita que nos digan que no nos va a afectar. Y nos pidan, como el titular de Gobernación municipal, Guibaldo Vargas, que “estemos tranquilos” o como el propio alcalde, que anuncia un plan de pagos que adoptó al ver qué se le venía encima y para que no suframos las consecuencias.

A todo esos que nos dicen barbaridades habría que pedirles que, en un arranque de honradez, admitan su metida de pata, nos pidan perdón de rodillas a quienes dañaron y hablen con la verdad: ese hueco en las finanzas de la ciudad no puede ser inocuo. El daño está hecho. ¿Es mucho pedir que tengan la humildad de reconocer que hicieron mal en vez de echar caca sobre la Corte que tiene felices a los priistas y enojados a los panistas? Parece que sí, lamentablemente. René es mi “matasueños”.

 

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