20 de Noviembre de 2018

Opinión

Es demasiado

No tengo ni la mínima animadversión contra la colonia coreana en Yucatán.

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No tengo ni la mínima animadversión contra la colonia coreana en Yucatán, pero me parece –aunque ya es un hecho consumado- que ponerle el nombre de la República de Corea a la avenida más ancha y moderna de Mérida es una exageración (iba a decir un despropósito, pero mejor le bajo). Ojalá al menos a su “hombre que saluda” no lo pongan allá.

Reviso la historia de la presencia coreana en Yucatán de 1905 a la fecha y –excepto el Hospital de la Amistad, por el que ya les hemos dado las más cumplidas gracias- no encuentro motivo suficiente. Si nos hemos de atener al sufrimiento que vivieron en las haciendas henequeneras, antes que a ellos habría que hacerles un homenaje mayor a los yaquis, mucho antes a los negros –ambos grupos étnicos traídos y tratados en condiciones similares de esclavitud que a los “abuelos coreanos” -, pero aún más a los mayas, seculares víctimas de la explotación desde la colonia y luego a manos de los hacendados, y no encuentro una avenida, ni la más pequeña, que haga alusión a ese grupo étnico hasta hoy maltratado y vejado por los dzulitos (la Cupules no alude al maya, sino a una tribu, combativa y tenaz eso sí, del oriente del Estado, lo mismo que la Itzaes). Ninguna homenejea a la nación maya.

Además, como consigna la historia, con todo y que los coreanos vivían en condiciones deplorables, practicaron con los mayas el racismo que contra ellos ejercían los dueños de las haciendas. Entre los inmigrantes orientales, estaba prohibido mezclarse con los indígenas (Milenio Novedades, 20 de julio de 2015). Genny Chans Song afirma que tenían prohibido tomar mujer entre las mayas y le hacían fo al pozole y las tortillas. De encima, en Yucatán se quedaron obligados por sus patrones que necesitan su mano de obra tras que la población maya fue diezmada con motivo de la Guerra de Castas y la sobreexplotación de su mano de obra. El sueño de esos inmigrantes era llegar a Estados Unidos.

Por eso y por mucho más, insisto en que es demasiado dedicarles la más moderna avenida. A menos que haya una amplia y suficiente explicación que sustente el acuerdo. A lo mejor alguna de las grandes plantas armadoras coreanas de autos va a invertir aquí y eso, en una economía de capitalismo salvaje, quizá sea motivo, aunque no razón suficiente.

Esto me da pie a retomar un viejo señalamiento hecho en este y otros espacios y que hasta ahora ha hallado oídos sordos: es urgente revisar la nomenclatura de Mérida, víctima ancestral del mayor de los desórdenes. Hay calles que tienen numeración alrevesada y avenidas con dos y hasta tres nombres.

¡Feliz Navidad!

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