17 de Octubre de 2018

Opinión

Dos soñadores traicionados

El poder de la pluma

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Dos sucesos me llaman la atención –ocurridos uno en el ámbito del deporte y otro en el de la cultura y el urbanismo-: la renuncia del ingeniero Gaspar López Poveda a su cargo de presidente del Consejo del Salón de la Fama del Deporte Yucateco (del que ya había sido obligado a separarse el historiador del beisbol Emmanuel Azcorra Cantón) y la denuncia del señor Félix Rubio Villanueva, presidente de la asociación civil Gran Parque La Plancha, de que Luis Romahn Díez y Arturo Novelo Dorantes, éste cabecilla de una escisión en el grupo promotor del proyecto, pretenden lucrar con una idea que salió de la sociedad civil.

Conozco desde hace muchos años a López Poveda y Rubio Villanueva y puedo dar fe de su probidad. Ni uno ni otro serían capaces de lucrar a costas del beneficio social y menos traicionar a quienes son los destinatarios de sus sueños: los ciudadanos.

Gaspar es el artífice del Salón de la Fama del Deporte Yucateco. Sé de sus planes desde que comenzaron y he seguido los pasos que ha dado, en compañía de algunos periodistas y “gente del medio” deportivo, para cristalizarlos. Si alguien tiene el mérito de lo logrado es el amigo Galope y su salida –producto de presiones de un directivo, como me han confirmado personas de las que no dudo ni un segundo-, es un golpe fuerte para el proyecto que hoy vive sus mejores días gracias al apoyo del gobernador Rolando Zapata Bello. No es justo que ahora que es una realidad otros se cuelguen la medalla. Me llama la atención en este asunto que uno de quienes Gaspar ayudó a surgir de la nada y hoy es jefe de deportes de un periódico local se haya sumado de alguna forma a quien traiciona a su maestro. Triste y vil proceder del tocayo del maestro.

Félix Rubio ha logrado cristalizar lo que en una ocasión, delante de él, califiqué como “sueño guajiro”: el Gran Parque La Plancha. Es cierto que en el camino se le han ido sumando grupos de la sociedad, pero en un primer momento eran sólo él y otros vecinos igual de soñadores que él. Ahora que se anuncian partidas millonarias para la realización del proyecto los eternos gambusinos del erario se frotan las manos y se abalanzan en busca de su tajada.

Los yucatecos no podemos permitir que ni a uno ni a otro les roben sus sueños. Es finalmente en beneficio de nosotros mismos.

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