16 de Noviembre de 2018

Opinión

Holbox, un paraíso

El poder de la pluma

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Sé que me había tardado, pero en verdad valió la pena: fue un viaje que me llenó de paz, me abrió la mente, me llenó de ideas, ilusiones y me motivó a regresar. Y no es para menos, en mi última travesía decidí conocer la hermosa isla de Holbox, un calificativo que queda corto para describir lo bello que es este lugar. Salí de Mérida y con tal de llegar un poco más rápido decidí tomar la autopista y así estar en un abrir y cerrar de ojos en el puerto de Chiquilá, un pueblo de pescadores que en los últimos años ha visto su crecimiento gracias al turismo que llega para cruzar a la isla. Una vez instalados en el ferry traté de concentrarme en admirar la belleza que tenía como paisaje, disfruté cada salpicada del mar en mi rostro y claro empezaba ya a sentir los efectos de los rayos UV en mi piel. No pasaron ni 20 minutos y ya me encontraba en tierra, admirando todo lo que esa pequeña isla nos ofrece, así que lo primero que hice fue tomar un taxi para llegar a mi hotel, dejar mis cosas en resguardo y así poder ir a la playa y darme un justo y merecido chapuzón.

En verdad, todo era tal cual me lo habían presumido: sus colores, los olores, lo tibio de sus aguas e incluso lo fuerte que atacan sus mosquitos; todo era perfecto, no había más en verdad que un paraíso. No quiero hacer largo el cuento, pues seguramente mientras más escribo, me dan muchas ganas de regresar y seguro lo haré.

Su gente es algo que también me llamó mucho la atención, personas muy amables se toparon en mi camino y espero que no haya sido solo suerte; la comida, otro punto a favor de la isla, cuando la visites no dudes en degustar su tradicional y muy peculiar pizza de langosta, en verdad tu paladar lo agradecerá. Otra de las cosas que te recomiendo es conocer las famosas Punta Cocos y Punta Mosquitos, ambas con sus peculiaridades. También vale mucho la pena caminar por sus calles, admirar sus murales urbanos en cada esquina, usar un carrito de golf como medio de movilidad o recorrer en bicicleta sus blancas calles. 

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