18 de Agosto de 2018

Opinión

Volvamos a la educación vial

El poder de la pluma

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Perdón por mi insistencia, pero todos los días seguimos viendo noticias sobre todo tipo de accidentes viales; muchas veces son realmente sorprendentes los resultados de estos accidentes, sobre todo por la magnitud de los daños producidos e, incluso, los lesionados y fallecidos. Más de una vez, y seguiré insistiendo, me he referido a la falta de una completa educación o adiestramiento de quienes pretenden ser conductores y hoy quisiera insistir en el resultado de esta falta de adiestramiento, que es el no saber cómo reaccionar ante eventualidades de todo tipo, ya que hasta al mejor conductor se le puede presentar en cualquier momento y de manera intempestiva una situación de peligro, y si no sabe cómo reaccionar en forma automática, las consecuencias pueden ser desastrosas.

Nadie al volante de un vehículo está libre de una gama de peligros que muchas veces ocurren por causas ajenas a él, pero, cuando no hay una buena capacitación, al conductor le resultará difícil reaccionar, con rapidez y eficacia, ante una eventualidad, ya que cuando se presentan no hay tiempo para pensar lo que se debe hacer, sino que debemos estar adiestrados para responder adecuadamente ante situaciones de emergencia.

No hay tiempo para pensar “lo que hay que hacer”, simplemente hay que hacerlo y con la mayor rapidez. Es decir, la buena respuesta, más que de una buena actitud, es resultado de la aplicación de una “decisión preparada” de antemano, y lo terrible es que cuando el conductor no tiene estas “decisiones preparadas”, seguramente reaccionará de manera inadecuada e incluso altamente peligrosa, cuyas consecuencias pueden ser irremediables.

Todos debemos conducir permanentemente con un sistema de “alerta” que nos ayude a reaccionar adecuadamente ante situaciones imprevistas. En nuestras mentes debe estar registrada la posibilidad de ocurrencia de eventualidades, especialmente las más graves que pueden ocurrir, y necesariamente saber cuál es la maniobra adecuada para reaccionar ante estos eventos. En pocas palabras, hay que conducir sabiendo qué hacer, cuándo y cómo hacerlo, por lo que debemos practicar repetida y mentalmente las normas, hasta que se conviertan en un repertorio de hábitos de respuesta.

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